Gutiérrez contiene, pero la realidad es resbaladiza

Omar Gutiérrez ultima los detalles de un discurso más, que tal vez no sea un discurso más, frente a los diputados provinciales, en la Legislatura de la post-pandemia. Los gobernantes de esta época durísima del país tienen una característica común: el sabor agridulce de ocupar un poder cada vez más efímero, inestable, controversial y discutido. Gutiérrez no es la excepción. Siente el dulzor de haber logrado contener los conflictos en el Estado, que podían amplificarse en el resto de la sociedad. Pero, al mismo tiempo, percibe que hay un minuto a minuto en el ejercicio gubernamental, y que el futuro es incierto, tanto si se piensa en la media hora siguiente, o en el año que viene, o proyectando a diez años.

La imposibilidad de planificar seriamente, creyendo en lo que se planifica, a largo plazo, se ha evaporado definitivamente de Argentina. Neuquén sufre un trauma duro y especial con esta convicción, porque siempre la ha distinguido la planificación, más que a otras provincias. Ahora no se puede. La evidencia es que habrá que atravesar un largo territorio de asperezas y calamidades, antes de llegar, tal vez, a la posibilidad de recuperar algo de certeza, algo de confianza en los tiempos que vienen. Por eso que alcanza la relativa satisfacción de dominar la coyuntura presente, lograr poner el pie en ese escalón, que permite seguir avanzando un poco, un poco más.

Gutiérrez ha logrado contener mayoritariamente a los sindicatos del Estado. Lo hizo con base en la creencia de los propios sindicalistas de que no ponían poner en riesgo esa especie de fuente de la vida eterna construida por el MPN con los pies hundidos en el petróleo. Carlos Quintriqueo acordó, puso la firma por ATE. Tiene su interna en el gremio, por supuesto. El gesto de aceptar 12 por ciento de aumento al básico y otras recomposiciones circunstanciales, le costará en esa interna, con resultado incierto. Lo mismo le pasa a Marcelo Guagliardo, que va camino a aceptar, aunque sea a medias, el acuerdo con el gobierno para los maestros. También el barbado docente, que ama la guitarra y cultiva las cuecas en la intimidad de sus retiros espirituales, intuye que la cuerda se podrá seguir estirando, pero no deberá romperse. La sucesión de reuniones, que se definen este lunes, promete al menos un comienzo de clases, que podrá ser total o parcial, pero que será. A Guagliardo le costará el ascenso de la izquierda de su sindicato, otro escalón hacia una eventual renovación futura. Pero no tiene, no hay, otra salida.

Gutiérrez, en fin, consigue dominar el potro de la furia ante la pérdida innegable del poder adquisitivo. Ha podido jugar a su favor un respaldo inevitable del gobierno nacional, combinado con cierta prudencia en la oferta de aumentos, que incrementará la masa salarial, igualmente, a niveles peligrosos. El festival de pagos “por única vez”, bonificaciones, y concesiones varias a la autoridad política sindical dentro del Estado, son prendas ofrendadas en el altar de la cautela por el gasto público, atormentado por la caída de recursos sostenida en todo el año pasado, mientras se mira con el otro ojo el ascenso de la producción en Vaca Muerta, y se reza un padrenuestro para que el kirchnerismo no cometa alguna trastada demagógica este año, que vuelva a soliviantar el ánimo de las compañías petroleras.

El gobierno del MPN, así, consigue contener, encauzar medianamente lo que desde la era Sapag se denomina “paz social”, como factor imprescindible dentro de la estrategia general de la gestión. El miércoles, se le dará un fuerte impulso al concepto (real a medias) de una vuelta a clases, a las escuelas, que puede ayudar a sentir el pulso de una sociedad un poco más normal, más cercana a la idea que los propios ciudadanos tienen de la sociedad que integran.

No habrá manteca para tirar al techo, ni celebraciones posibles. Este es un año de dientes apretados, porque la realidad desborda todo. La seguridad flaquea, la sanidad se desmaya, la corrupción se evidencia. El contexto no es posible de eludir, de gambetear, por más habilidad que se pretenda tener. Se verá cómo desemboca esto en el segundo semestre, cuando las elecciones se aproximen.

Rubén Boggi

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