Presión política para la vuelta a clases: un efecto sinuoso

En las principales ciudades del país, también en Neuquén, hubo este martes clases públicas, una puesta en escena armada desde Juntos por el Cambio y sus contradicciones disimuladas, con el muy legítimo objetivo de abundar en presión política y social para que haya escuelas abiertas y clases presenciales este año.

El tono partidario y político, en un año electoral, no desmerece la intención ni la propuesta concreta. Pero el efecto, lógicamente, es propicio para las distorsiones; y, de hecho, es probable que sea utilizado con fines poco santos, como parte de los argumentos para justificar, retrasar, o bien, conseguir aleatoriamente alguna ventaja para la propia tropa de un oficialismo político tan amplio como gelatinoso y cambiante.

El país entra, sin remedio, en territorio de campaña electoral. La pandemia, la crisis económica, el deterioro educativo, no sirven más que para potenciar el tono, tanto en la variopinta oposición como en el no menos heterogéneo oficialismo. En lo concreto de las clases, ambos se disputan ahora el patrimonio de la bandera del retorno a las escuelas; pero no para coincidir, sino para todo lo contrario.

Esto puede ser peligroso para la obtención ciudadana del derecho, negado el año pasado, a la educación gratuita e inclusiva que hay en Argentina, y, ciertamente, con más precisión todavía, en Neuquén, donde rige la ley 2.945 de Educación, sancionada en diciembre de 2014.

La educación no debe ser territorio de disputa, sino de consenso. Pero, es posible que esto sea imposible, al menos este año. El efecto de la clase pública de Juntos por el Cambio, este martes, es, por lo tanto, sinuoso: puede conducir al bien común, o simplemente quedarse entre las trincheras de la batalla electoral del año.

Rubén Boggi

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