Gaido dio un paso importante para recuperar una fe perdida

Mariano Gaido dio un paso importante como gobernante de la ciudad capital de Neuquén. Lo tenía previsto, diseñado, pero, entre otras cosas, la pandemia, había atrasado esa idea, esa acción política, simple y a la vez contundente: ponerse a sí mismo, y a su gabinete, en contacto directo con los vecinos, de a uno o dos barrios por vez.

Esa “descentralización” no es nueva como acción política, pero sí vuelve a ser innovadora en estos tiempos de zoom, distancias, y alejamientos acrecentados por la emergencia sanitaria, una situación que profundizó lo que la burocracia de la política había logrado antes, separar a los funcionarios cada vez más de la gente que les da sustento y existencia.

La nueva cercanía que propone ahora Gaido comenzó en el salón municipal de la comisión vecinal de Canal V, y reunió a las autoridades -o, mejor dicho, representantes- de los barrios San Lorenzo Sur y Norte y Valentina Norte Urbana. Estuvieron presentes, también, integrantes de “organizaciones intermedias”, un concepto amplio que va cobrando fuerza de representación ciudadana ante la evidente crisis de la política institucional.

El primero que dio el paso de vivenciar el gobierno como parte de la gente que le dio origen, fue ni más ni menos que Felipe Sapag. En aquellos lejanos años de su primera gestión, que fue desde 1963 a 1966 -interrumpida por el golpe de Estado del general Juan Carlos Onganía- Sapag armó varios encuentros en plena calle con vecinos. Iba con sus ministros, escuchaba, anotaba, respondía. La política, después, se fue alejando de aquellos encuentros vecinales, y comenzó, de a poco, a amurallarse entre expedientes, legajos, paredes de papel y distancias de micrófonos, que solo se interrumpían en tiempos de campaña, con caminatas y encuentros armados para llegar, no para gobernar.

Muchos gobernantes pasaron desde aquella década del ’60, iniciática para la institucionalidad provincial neuquina, y muchas veces se pensó en estrategias que saltaran el muro edificado por la burocracia, para recuperar ese inigualable contacto entre quien gobierna y quien es gobernado. Lo intentó Pedro Salvatori, Jorge Sobisch, el mismo Felipe Sapag en otras gestiones. Si hasta Horacio Quiroga, el hombre que le discutió seriamente la primacía al MPN, en su primera gestión, dedicaba un día entero a entrevistas directas con vecinos. Pero aquel espíritu inicial, aquel contacto tan práctico, tan ejecutivo, se evaporó en la sinfonía triste de los imposibles.

Ahora, hay un nuevo intento, y tal vez sea saludable, porque se hace al cabo de un año de aislamientos, distanciamientos, desconfianzas, angustias, padecimientos. El intendente capitalino ha jugado una carta que puede llegar a tener un componente poderoso, si de verdad se pretende ese contacto, rico, inigualable.

Ojalá así sea, para bien de la alicaída política argentina, siempre propensa al engaño, a la incertidumbre, animales de una fauna que fabrica, incesantemente, caudales grandes de ineficacias aberrantes.

Rubén Boggi

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