Incipiente recuperación en Neuquén…con gremios manoteando la billetera

Más allá de lo que la superficie social y política ha mostrado en Neuquén en la última semana, el dato más importante vino de lo que generalmente no se exhibe: la economía. Ese dato, todavía incipiente, augura un año un poco mejor que el pasado, ya que el presupuesto proyectado y el efectivamente cumplido, en enero, coinciden. En el 2020, el presupuesto se desmoronó frente a la realidad, y hubo un serio desfase entre cuentas planificadas y cuentas efectivamente cumplidas. Los ingresos se derrumbaron. Por eso, el de enero es un dato positivo: ingresó lo que se previó ingresaría. No es menor, porque además coincide con el plan político que ha diseñado el gobierno de Gutiérrez para estos 12 meses que incluyen, además de la pandemia, la vacunación, la vuelta a clases, la reactivación… a las elecciones, esa lotería que el MPN siempre quiere acertar.

La actitud, obvia decirlo, es de reactivación. No solo en el plano económico y social, sino también en el político. Por eso, a Omar Gutiérrez se lo ha visto recorriendo municipios y dialogando con intendentes, recuperando la “presencialidad” que se había perdido. El mandatario dejó atrás el zoom y empezó a recorrer rutas y desandar caminos. Estos últimos días estuvo en las ciudades cordilleranas del sur. Allí pudo comprobar que el turismo se ha reactivado a pleno en la temporada veraniega. Lo único que ha quedado afuera es el turismo internacional, el arribo directo de euros y dólares. Pero hay mucha gente en la montaña y los lagos. Tanta, que se ha relativizado al máximo el temor ante la pandemia de coronavirus, que sigue su marcha con números bastante preocupantes. La tolerancia social llegó al final, y las vacaciones fueron un derrame de gente, con o sin protocolos. Aumentaron los casos de contagios en San Martín, en Villa la Angostura, y se llenaron las camas de los hospitales. Pero el afán reactivador borró preocupaciones y relativizó esquemas preventivos, y, ciertamente, disimuló fallas evidentes.

El tema pandemia es encarado ahora, desde el gobierno, poniendo el foco en la vacunación que vendrá. No es sencillo mantener esa línea, porque las vacunas se demoran en Argentina. El gobierno de Alberto Fernández prometió 5 millones de dosis en enero, que no llegaron. El último viaje del avión de Aerolíneas fue penoso: toda una epopeya para traer 220 mil dosis de la Sputnik V. El plan ruso fracasó, y con el resto de las vacunas disponibles ya en el mundo no hay compromisos claros. Lo más probable es que se recurra a China, casi una repetición mecánica de lo que se hace desde aquí con los vaivenes económicos en las inversiones para infraestructura. Neuquén, y ninguna provincia en Argentina, tiene el mecanismo y los dólares necesarios para comprar vacunas por su cuenta. De manera que hay que esperar. ¿Será mucho, poco tiempo? Si es mucho, los planes sanitarios neuquinos, y su correspondencia en las actividades sociales y económicas, se perjudicarán seriamente.

En el esquema general, la vuelta a clases en las escuelas es el paso siguiente, en paralelo con la negociación con los gremios. Gutiérrez da como seguro que las clases comenzarán el 3 de marzo. Recibió el espaldarazo, en ese sentido, del ministro del gobierno kirchnerista, Nicolás Trotta. Fue un apoyo y ratificación de planes importantes, porque los gremios estatales neuquinos, o, por los menos, sus conducciones actuales, responden al kirchnerismo, en líneas generales. Sin embargo, hay una trampa en esa estrategia. Tanto el gobierno nacional, como los gremios locales, podrán aducir que hubo fallas estrictamente locales si la vuelta a clases no sale como se esperaba. Es decir, es fácil predecir que si no sale como se dijo en esta visita de Trotta, la culpa no será de los gremios, sino del Estado provincial gobernado por el MPN. ¿De qué depende Gutiérrez para no dar un paso en falso? De la habilidad negociadora, que deberá instrumentar centralmente con Carlos Quintriqueo y Marcelo Guagliardo. Con el primero, ya pedaleó hasta marzo con otro bono no remunerativo de 15 mil pesos. Está por verse si la misma receta, o parecida, le sirve a Guagliardo para sostener la conducción de un sindicato menos vertical y más complicado, como es ATEN.

La posición del gobierno neuquino es clara: se aflojará la billetera en la medida en que aumenten los ingresos, en que la curva sea positiva. Es un arma de doble filo, porque sirve también para afirmar que cualquier palo en la rueda que empieza rodar en el año nuevo, solo servirá para frenar la reactivación, y, con ello, la posibilidad de que ese dinero producido se vuelque en los bolsillos de los empleados del Estado. La otra discusión alimentará a la oposición en el año electoral: volverá a la carga contra “el modelo agotado” que consiste en “chupar” desde el propio Estado los mayores ingresos, dejando afuera del beneficio al resto de la ciudadanía.

Con los maestros de ATEN, la negociación será en los próximos días. El ministro Trotta se llevó un largo panegírico gremial lleno de datos de contexto social, económico y sanitario, para fundamentar por qué solo se aceptará volver a clases si mejoran las condiciones (sanitarias y laborales-salariales). Ese documento de ATEN era previsible y para Trotta no es nada nuevo. El ministro dejó la señal que le encargaron: volver a clases, porque el gobierno nacional también lo necesita. Se verá, en febrero, si ese juego político es suficiente, o si el gobierno del MPN tendrá que comprometer aún más los recursos del Estado para garantizar una “paz social” sin la cual, las elecciones, este año, serían una bomba de tiempo.

Rubén Boggi

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