El ministro que viene justo a tiempo

En la última semana de enero, Nicolás Trotta, el ministro de Educación de la Nación, estará en Neuquén. Será un momento clave, para el que faltan pocos días. Este no es un año cualquiera, pues el tema educativo ha emergido de la larga clausura del 2020 con pandemia, planteando la urgencia de hacer algo con esta situación. Algo más o menos urgente. Algo que sea un poco más que armar discursos con lenguaje inclusivo y comparar las escuelas con fiestas clandestinas.

La presencia de Trotta puede ser significativa, si se tiene en cuenta que el ministro ha prometido un año con presencialidad en las escuelas (eufemismo para decir que habrá clases), a partir del 3 de marzo. En Neuquén se está en pleno proceso de negociación con el sindicato ATEN para conseguir que esto sea una realidad y no un mero enunciado. El gremio está duro con el asunto, en consonancia con lo que pasa a nivel nacional, con sutiles diferencias en cada distrito. Pero lo común desde el gremialismo es poner como condición un significativo incremento salarial. Se escucha lo que no se dice claramente al público: “si no conseguimos un aumento ahora, no lo conseguimos más”. El ahora es el momento porque la presión social y política para volver a abrir las escuelas es muy importante.

El tema surgió con mayor fuerza esta semana, porque en el distrito Ciudad de Buenos Aires se quiere empezar las clases en febrero, antes que el resto, y los dirigentes afines al PRO lanzaron una campaña, iniciada por el propio Mauricio Macri, para enfatizar políticamente que no hay más excusas ante la necesidad de volver a dictar clases en las escuelas. El oficialismo doble del kirchnerismo tuvo que recoger el guante, aunque no tenía muchas ganas, y el presidente Alberto Fernández sostuvo, por primera vez desde que empezó la pandemia, que la educación, las clases, las escuelas, los alumnos y los maestros, son “una prioridad” para el gobierno.

Esa prioridad deberá pues, ser encarnada por el ministro Trotta en Neuquén, cuando aquí se reúna con Cristina Storioni, la ministra local, con el gremio (¿se verá con Marcelo Guagliardo?) y, en definitiva, tenga que decir algo concreto, algo que supere el chamuyo habitual, para referirse al espinoso tema que su cartera piloteó todo el año montada en la moto de agua de la situación sanitaria.

Así, pues, la visita de Trotta -está confirmada, según el gobierno neuquino– es lo que aparece como más relevante en este enero inaugural del 2021.

El otro tema, el sanitario, fue impactado por la dura advertencia judicial presentada por médicos terapistas del Castro Rendón. El clamor por mejores condiciones, más personal y mejores salarios, fue relativizado por el gobierno de Omar Gutiérrez, sin que desde la cartera política -el ministerio de Salud- se saliera a decir nada. El gobierno entiende que la posición responde a una movida nacional y tiene cabida, al menos por ahora, solo en el Castro Rendón, ese hospital emblemático. Se entiende que la situación está contenida y no llegará mayores, y que ha sido más mediática que efectiva en el ambiente hospitalario. “La cuestión con Salud estuvo siempre contenida, han ingresado más de 1.200 profesionales, no se han escatimado recursos”, se dijo, en off, desde el ámbito gubernamental, para admitir a renglón seguido que “no se quiere un foco de conflicto allí, mucho menos en las actuales circunstancias de pandemia”.

En lo concreto, entre martes y miércoles está planificado aplicar las nuevas 3.600 dosis de la vacuna Sputnik V que ya llegaron al país traídas desde Moscú en el heroico avión de Aerolíneas Argentinas. Se aplican segundas dosis, es decir, que se vacunará nuevamente a quienes se vacunó en los dos días de la primera aplicación. Para ampliar el universo de candidatos a la vacuna habrá que esperar que haya en el país dosis suficientes: esto, como se sabe, está en un mar de dudas, esa gelatina que depende del inestable ministro Ginés González García. No se sabe en Argentina cuántos ciudadanos podrán vacunarse, ni cuándo podrán hacerlo. Es parte de la incertidumbre perpetua a la que nos hemos ido acostumbrando.

Omar Gutiérrez, mientras, está volviendo al frenesí laboral que lo ha distinguido en tiempos un poco más normales. En la semana estuvo en Junín de los Andes, en Aluminé, y en Villa Pehuenia. Así, entre el interior y la capital, se dividirá su tiempo en lo que se califica como “un verano intenso”. Tiene las fichas puestas en el tema reactivación económica. Las obras públicas (esta semana se abren los sobres con las ofertas económicas para la pavimentación de las rutas 56 y 67), la actividad turística, y, por supuesto, los yacimientos de Vaca Muerta.

En este contexto, la expectativa la despierta Trotta. No tanto por él mismo, sino por lo que representa. Volver a las escuelas abiertas sería un hecho trascendente. Una luz para alumbrar el túnel de la peste. Y, ciertamente, la herramienta necesaria para terminar con la hipocresía del miedo, que permite fiestas y jolgorio antes que un aula con alumnos estudiando.

Rubén Boggi

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