Se deterioró la prestación cultural desde el Estado

Al cabo de un año de pandemia, en Neuquén la prestación cultural del Estado se ha resentido tremendamente. No solo no hubo clases en las escuelas, reduciendo la práctica educativa a un decorado informático defectuoso, sino que las instituciones generadoras de arte no funcionaron.

En el caso del Estado provincial, la Orquesta Sinfónica, que es una institución profesional, con músicos a sueldo, y depende presupuestaria y orgánicamente de la Fundación del Banco Provincia, no ha trabajado más que en muy pocas ocasiones, entregada a la prevención sanitaria extrema.

En el caso del municipio de la capital neuquina, el coro municipal quedó en un limbo casi inexistente. Su director, Damián Cazeneuve, ocupaba un cargo en la planta política de la anterior gestión, razón por la cual se terminó su vinculación laboral en diciembre del año pasado. No se ha renovado ese contrato, y tampoco se ha designado un reemplazante. A diferencia de la Sinfónica, los coreutas no cobran: son voluntarios. El coro no ha trabajado ni se ha presentado en lugar alguno.

A 13 días de haber comenzado 2021, no se sabe todavía qué hará el Estado con estas situaciones. Hay más, también sin resolver. Hay que romper la inercia del no hacer, para que la pandemia no solo provoque contagios y muertes, sino también, consiga un deterioro cultural tal vez menos letal, pero igualmente pernicioso.

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