El MPN se tranquiliza, en contraste con la gran pelea nacional

El gobierno neuquino quiere cerrar el año más singular de la historia de este siglo, con un enfoque positivo, y rescatando el momento como el de una “mejora general” que, supuestamente, se irá notando. “El año está terminando bien, con todo más o menos ordenado, y la pandemia… ha dado un respiro”, se dice en la intimidad de las oficinas de la Casa de Gobierno. La cuestión sanitaria, la pandemia, es lo más importante en la consideración del equipo que comanda Omar Gutiérrez. Eso, y lo relacionado: es decir, la reactivación económica, que, se confía, está cercana.

Esa es la agenda que declara el gobierno, y poco más. Cuando se habla de elecciones, movidas, candidaturas, o cualquier cosa semejante, desde el patio rodeado de almenares, se expresa, con un dejo de sarcasmo, que no es tiempo de andar con jueguitos. Se sabe que habrá juego, y que el gobierno será partícipe y protagonista. Pero no ahora. “Que juegue ahora la gente que no tiene otra cosa que hacer. Nosotros estamos muy ocupados”, murmuró un operador calificado cuando se hizo mención al organizado retorno al campo de la política activa de Rolando Figueroa.

La actividad de Gutiérrez, en este contexto de obsesión pandémica, se organiza como un triángulo de destinos. El mandatario, que piensa estar muy presente en los primeros meses del año, enero y febrero, esos que se suelen usar para vacaciones, dividirá actividades en tres ángulos: el local, capitalino, distrito al que aprecia más allá de los afectos, y por donde podría transcurrir su actividad política cuando termine su actual gestión; el “interior” de la provincia, por el que se ha empezado a mover nuevamente, en función de la mejora sanitaria; y el ángulo nacional, entendiéndose esto fundamentalmente como Buenos Aires, lugar de aposento del gobierno nacional, con cuyos funcionarios el gobernador neuquino mantiene una buena relación, y con quienes, dicen, “hay entendimiento”, en líneas generales.

El frente con los gremios estatales, una parte importante para garantizar la “paz social” que integra el recetario post moderno del MPN, está, a juicio del equipo gobernante, manejado, controlado. El 28, Día de los Inocentes, habrá otra reunión con los maestros de ATEN. El gobierno irá a mostrar todos los números y resultados económicos del año, como para iniciar la concreta charla de los ajustes salariales. Con los otros sindicatos, ATE, UPCN, Viales, el diálogo se mantiene sin mayores inconvenientes. Se percibe que el gobierno está tranquilo en este costado de la realidad. Esto no implica que no haya movidas, conflictos que aparezcan, expresiones concretas que los gremialistas se sentirán, tal vez, obligados a hacer. Pero, el principal dato, es el gran mecanismo regulador que ha jugado a favor del manejo del MPN en la coyuntura: el contexto nacional, y la puja conflictiva en el corazón del gobierno de Alberto Fernández. Los sindicalistas neuquinos miran el contexto y se abrazan a la relativa seguridad que brinda la “fortaleza” provincial.

Es ese contexto nacional el que contrasta y destaca lo del gobierno neuquino. Por eso, tal vez, el perfil bajo de la última semana. Fue tan grande e impactante la muestra del descalabro expandido desde la Casa Rosada y el Congreso, que, casi naturalmente, los funcionarios neuquinos concluyeron que por aquí las cosas no están tan mal. El show de la vacuna rusa fue impactante, con sus patéticas aclaraciones. El acto político protagonizado por Alberto y Cristina Fernández, exime a cualquier otra expresión política de la necesidad de decir nada. Es un dogma práctico el que afirma que cuando el adversario o enemigo se equivoca, no hay que salir a decir ni hacer nada. Simplemente, aprovechar para lucir la equivocación del otro. Esa puja malsana entre el presidente y la vice, tuvo un capítulo de fuerza de shock. Fue una corriente de millones de voltios que sacudió la política. Cristina sugiriendo que hay ministros que tendrían que buscar otro laburo, y Alberto afirmando “hice lo que mandaste”, fue demasiada potencia toda junta. Nunca antes se había visto un fenómeno igual.

Al lado de semejante muestra, la interna del MPN parece un paseo entre las delicadas flores del parque. Por eso, el gobierno eligió el camino coyuntural de fortalecer las señales de gestión y esquivar cualquier tentación a replicar provocaciones. Y concentrarse en el mensaje de comenzar a modificar el ánimo negativo del año. “Terminamos más o menos bien”, se repite. “La pandemia ha dado un respiro”, se repite. Incluso, hay cuidado para explicar detalles de los informes sanitarios, como el que arrojó una ocupación de 80 por ciento en las camas de terapia intensiva. Se aseguró al respecto que tiene que ver con la ida de los médicos itinerantes (ya se fueron) que habían llegado en medio de lo peor de la crisis. También, con el hecho de que el sistema de salud comenzó a dar algunas licencias, atendiendo al agotamiento del personal de los hospitales. Por último, incide también que se empezó a dar curso a las cirugías programadas, que habían sido postergadas.

Así, el gobierno quiere mostrar organización, preparación. En política, la acción es clara y se explica por sí misma: si hay un rédito “positivo” que la pandemia provoque, como balance final de un año tremendo, hay que capitalizarlo. No le costará mucho, frente a la tremenda evidencia de las vacilaciones nacionales. A Gutiérrez no le preocupa si la vacuna es rusa, inglesa, alemana o china: solo le interesa que lleguen las dosis a Neuquén, y estar preparado, desde el sistema de salud, para instrumentar un operativo de vacunación, que se está armando, como organiza un general su ejército, antes de la batalla decisiva.

La política, en general, deberá tomar nota de esto: el MPN se concentra, obsesivamente, en su propia gestión. De esa etapa, que podría abarcar los primeros meses del año, recién emergerá la competencia.

Rubén Boggi

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