Hoy ha muerto una niña, de hambre, en Argentina

Hoy ha muerto una niña. Tenía un año y nueve meses de vida. Y un cuadro de desnutrición severa. Murió de hambre, en el hospital de Tartagal, en Salta. La niña vivía con su madre, en una comunidad Wichi. La madre tiene 17 años.

La niña estaba en tratamiento desde el año pasado. La seguía el Centro de Recuperación Nutricional del hospital. Sin embargo, toda la salud pública no pudo. Mucho menos los discursos de tantos políticos que hablan de “construcción”, “recuperación”, “post-pandemia”. Hoy ha muerto una niña de hambre en Argentina.

El país tiene, según la Universidad Católica, 44,2 por ciento de pobreza en su población. Según UNICEF, medido a agosto de este año, la pobreza atrapaba en sus garras impiadosas a 8 millones de niños en Argentina. Pero no es una estadística, una cifra, una cantidad. Es esta niña de un año y nueve meses que ha muerto, desnutrida, deshidratada, y, finalmente, con una infección generalizada.

Hace un par de meses, en octubre, los senadores provinciales salteños sancionaron por unanimidad la prórroga por 180 días de la emergencia sociosanitaria declarada por el Gobierno Salteño para los departamentos Rivadavia, San Martín y Orán.

Fue porque en esa región de esa provincia, se registraron varias muertes de niños por desnutrición y deshidratación.

Hay una curiosa idea en Argentina. Se piensa que las soluciones llegan declarando emergencias en los parlamentos. Dándole más facultades a los Ejecutivos.

No hace falta eso. Hace falta que haya más atención, más dedicación en resolver los problemas urgentes.

Lo urgente no es resolver si la Corte de Justicia debe cambiar, o si Amado Boudou debe estar en la cárcel o en su casa. Lo urgente es que no mueran más niños por el hambre en Argentina.

Rubén Boggi

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