Lo que pasa en el MPN, en medio de las dificultades

El MPN acaba de dejar cerrado, en los papeles, el año más difícil que le ha tocado en su función de vitalicio habitante del gobierno de Neuquén. Lo hizo con un encuentro virtual, a tono con las circunstancias, de la convención partidaria, que preside Sandro Badilla, y de la que participó el presidente del partido, el gobernador Omar Gutiérrez. Quedó en claro que no se escucharán voces disidentes, ni quejas, ni reclamos, en esta fase partidaria signada por la dificultad. Por ende, el respaldo al gobierno de Gutiérrez es fuerte, y disciplinado. El MPN no pondrá en riesgo nada, ni un átomo de su poder de gobernabilidad. Pero… ¿cómo está la realidad profunda del partido que gobierna la provincia desde 1963?

Hay dos sectores, que en la práctica forman uno solo, pero que guardan referencias y obediencias distintas. Uno es el que se aglutina, le da base, y perspectiva de construcción, al gobernador y presidente partidario, Omar Gutiérrez. El otro, está organizado, no en disidencia, pero sí en diferencia, alrededor del ex gobernador Jorge Sapag. Estos dos sectores y estos dos referentes partidarios, en un partido acostumbrado a ser el equipo de gobierno, se plantean un 2021 de interacción sin confrontación, que es lo más parecido a la unidad a lo que se puede aspirar en el MPN, desde aquella primera interna que formalizó las posibilidades de competencia, entre 1986 y 1987.

La confluencia principal está en la formulación y desarrollo de acciones para reactivar la economía de la provincia, resguardando al mismo tiempo aquello que se ha denominado, desde el primer gobierno de Jorge Sapag, la “paz social”, condición considerada necesaria para cualquier construcción que se plantee. En esto hay acuerdo entre los dos sectores y sus referentes, que, por ahora, esbozan una proyección hacia el 2023 en base a dos figuras de laboriosa persistencia para comenzar a figurar en las encuestas con mayor nivel de conocimiento: Pablo Gutiérrez Colantuono, actual titular de COPADE y hermano del Gobernador; y Marcos Koopmann, actual vicegobernador y presidente de la Legislatura.

Estos dos cuadros políticos harán su trabajo proselitista apuntándole a una interna, en primer lugar, para la renovación de autoridades partidarias. Estos planes son evidentes, notorios, más allá de la conveniencia o no de blanquearlos ahora, cuando las preocupaciones de la gente (y del gobierno) están lejos de lo electoral, a despecho de que en octubre habrá elecciones de renovación parlamentaria.

Por lo pronto, en el horizonte más cercano, está la coyuntura, que es de fase final de la pandemia de coronavirus y principio de reactivación de la economía postergada y hundida por la singular manera que el mundo -y Argentina- eligió para contrarrestar la emergencia sanitaria. Esta tiene dos aspectos relevantes para el gobierno de Gutiérrez: primero, resolver el panorama de la masa salarial estatal, enfrentando, y solucionando, el larvado conflicto con los gremios; y, en paralelo, avanzar contribuyendo a resolver los conflictos surgentes de Vaca Muerta, para que los yacimientos puedan desarrollar todo su potencial y aportar dólares necesarios para retomar el nivel de actividad económica.

Con estos dos aspectos se avanzará a partir de esta misma semana. Ya está planteado un primer encuentro para marcar el almanaque de soluciones con el gremio docente, ATEN. Este es un punto importante de la agenda, ya que resolver las diferencias salariales con los maestros (después de un año de resignación del poder adquisitivo, paralelo a la caída de los recursos del Estado) implica también la solución para que haya clases desde marzo del 2021. Que las escuelas hayan permanecido cerradas todo el año es una página oscura y lapidaria, en la historia provincial, se ponga la excusa o el argumento que se ponga, para explicar lo sucedido.

Al mismo tiempo, el lunes, comenzará la “mediación” del gobierno de Gutiérrez en el conflicto petrolero. La crisis es por el reparto de roles y oportunidades en el proceso de reactivación, y tiene que ver con el rol de las pequeñas y medianas empresas de servicio petrolero, fundamentalmente, las locales, en relación a las decisiones (contratos) que definen las operadoras de los yacimientos, es decir, las empresas petroleras grandes, lideradas en el caso argentino por YPF.

Gutiérrez se pondrá como garante de que habrá una mayor ecuanimidad, entre la conveniencia de las operadoras, y las necesidades de las PyMES neuquinas. Hay un aglomerado integrado por el sindicato petrolero, y las cámaras que representan a este sector empresario, que pretendió formar un solo bloque de presión, para tener más fuerza. Consiguió que se planteara esta salida, que será política, y que -casi con seguridad- el gobierno neuquino ha charlado ya, con el gobierno de Alberto Fernández y con las autoridades de YPF, específicamente, con Guillermo Nielsen.

Así las cosas, el MPN, el partido de los dos sectores que todavía no confrontan entre sí, procurará elaborar su propia estrategia de continuidad, de supervivencia política, atada, relacionada, “apalancada”, como gustan decir los del recambio generacional, en las ricas posibilidades de Vaca Muerta. Serán tres años intensos los que separan a este presente del año del recambio electoral. Ese año, lo intuye el MPN, quienes estén en el gobierno nacional “vendrán, definitivamente, por todo”. Es decir, vendrán por la vaca y sus yacimientos fecundos. Y eso, es algo que el MPN buscará impedir.

Rubén Boggi

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