Gutiérrez reimpulsa su gestión pasando por dos puentes

Dos puentes son el emblema actual de la reactivación de la pos pandemia -que comienza antes que la pandemia termine- en Neuquén. Uno es el que se ha tendido ya sobre el Curi Leuvú, en el norte neuquino, clave para esa zona, que será inaugurado en poco tiempo más. El otro, más emblemático aún, es el de La Rinconada, punto de comunicación clave (y único) con la zona cordillerana de Junín y San Martín de los Andes; y se inaugurará a fines del año próximo, después de haber comenzado -una vez más- las obras de construcción.

Estos dos puentes sintetizan lo que el gobierno de Omar Gutiérrez comienza a instalar como bandera importante de su segundo mandato: la obra pública pensada en función de un desarrollo económico sustentable. Particularmente el puente de La Rinconada guarda un simbolismo especial, porque concretarlo implicará un triunfo sobre la corrupción y la desidia de distintos gobiernos nacionales. Ese puente, que suplantará al viejo de una sola mano, ya demasiado precario desde hace décadas, ha sido anunciado y comenzado una infinidad de veces. Siempre triunfó la derrota. El proceso que comienza ahora, aseguran desde el gobierno, es el que pondrá fin a ese círculo vicioso de incumplimiento de obras públicas anunciadas.

Estos puentes, importantes en sí mismo, configuran, pues, un significado político que comenzará a evidenciarse lentamente. Gutiérrez quiere pisar fuerte en su segundo mandato pese a las dificultades. Está pasando el año más tremendo que un mandatario neuquino haya tenido que atravesar; y, aseguran, ya el año próximo habrá muestras de que pretende, el mandatario, que su paso por la función no quede olvidado ni sepultado en el pasado, sino que abra otro camino para un sector importante del MPN. Como los puentes.

Etiquetas del artículo:
·
Categorías de los artículos:
Política

No se permiten comentarios