El conflicto más duro es el de las escuelas cerradas

Promediando la semana, el secretario general del gremio docente neuquino, ATEN, Marcelo Guagliardo, escribió en las redes sociales, en referencia al paquete de incentivo turístico que prepara el gobierno de Omar Gutiérrez, que mucho mejor sería pagar los incrementos salariales y proceder al arreglo de los edificios escolares.

El drama escolar, que todos esquivan porque la solución es difícil, empieza a ser protagonista importante en la conciencia de los ciudadanos. Las escuelas han estado cerradas todo el año. Nunca había pasado esto en Neuquén, ni aún en los tiempos más dificultosos, de crisis económica y conflictos incendiarios. La situación actual es catastrófica. Los chicos perdieron un año completo, más allá de los presuntos esfuerzos didácticos que se han hecho “a distancia”. El gremio no quiere volver al trabajo en las aulas: es su principal argumento para obtener los incrementos salariales que se han negado. Y el gobierno tiene por delante una difícil tarea, para conseguir reactivar la vida escolar, esa que parecía tan simple, tan de rutina, y que ahora se ha tornado casi inalcanzable.

La chicana de Guagliardo, casi inmediata a una publicación sobre los incentivos al turismo que hizo este medio, se entiende en este contexto. El gremialismo estatal pugna por la prioridad en las asignaciones económicas que haga el Estado. Sus principales dirigentes, Carlos Quintriqueo, Guagliardo, han sostenido hasta ahora un delicado equilibrio entre los pedidos del gobierno de no provocar conflictos que agreguen sufrimientos a los infligidos por la pandemia, y la presión interna de sus opositores, que los acusan de entreguistas, de tibios, de ser funcionales al MPN. Ahora, llegado el fin del año, quieren la seguridad del “rescate” prometido… y, en ese camino, no trepidarán en romper todo, hasta los compromisos de mantener la precaria paz social conseguida.

En el rubro docente, específicamente, es donde más golpeará el bombo estruendoso del descontento. El gremio ha declarado y cumplido una serie de paros “virtuales”, que, con las escuelas cerradas, fueron una especie de burla, y pasaron sin pena ni gloria. Lo que queda por delante, pues, es aumentar el nivel de la protesta, hacerla más física, más real, más medible. Como, al mismo tiempo, la situación sanitaria se va flexibilizando, es posible que encuentre razones para protestar, aunque no las suficientes como para volver a las aulas.

“Solo volveremos a las escuelas si no hay riesgos para los alumnos ni para los maestros”, ha dicho el gremio, una y otra vez. Pero ¿quién establece la calidad e importancia de ese riesgo? ¿Hay que hacer una asamblea multisectorial para consensuar el nivel de riesgo? ¿Hay que dejar de escuchar a la Organización Mundial de la Salud, que ha recomendado especialmente que las escuelas permanezcan abiertas, aún en medio de la peste? ¿Es este un país en el que el nivel de riesgo se decide, en función del oficialismo, o la oposición?

Los gremios estatales son los únicos que se preocupan en defender como medida sanitaria la permanencia en el hogar, lejos del ámbito de trabajo. Hace unos días, hubo una movilización de trabajadores del Casino, con la intención de presionar al gobierno para que permita su apertura. Los mercantiles han empujado a favor del fin de las restricciones para el comercio. Los petroleros, por el retorno a los yacimientos y a la actividad plena. Los estatales, los judiciales, los maestros, abogan en cambio por “el cuidado de la salud” y le arisquean a lo presencial. Que todo esté abriendo, y las escuelas permanezcan cerradas, es ya un problema que supera la opinión de un sindicato. Es un problema de primer orden para la sociedad entera. Es una amenaza directa al principal recurso que tiene un país, que es la educación de sus ciudadanos.

El gobierno neuquino, como la lógica indica, apostará fuerte por un retorno pleno a las escuelas en marzo del año próximo. La puesta en condiciones de los edificios escolares se podrá concretar este verano. Hay edificios nuevos, que se han inaugurado o están pronto a inaugurarse, esperando ese momento sublime, en el que los niños y jóvenes de la provincia puedan recuperar la principal herramienta social para encontrar dignidad, independencia, justicia, equilibrio, desarrollo.

No puede haber dudas en esto. No puede haber engaño alguno. El consenso se obtendrá con la sociedad entera, no con un sector que solo defiende sus propios intereses.

Rubén Boggi

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