El FMI se reúne con Gutiérrez, por la fábrica de dólares

En la profundidad de una laberíntica selva, en la que los rayos del sol dificultosamente penetran, el gobierno de Omar Gutiérrez busca afanosamente un sendero de salida para la encerrona de los yuyos sanitarios y económicos. El gobernador percibe que hoy está más cerca ese camino angosto. Que ya no asfixian tanto las circunstancias adversas. Es, tal vez, el momento en el que la lógica de la política explora las razones de la superación de dificultades; y, mientras se mide la tendencia a la meseta de la pandemia por estos lares, con menos casos de contagios y muertes, se acude a una receta que al MPN siempre le ha dado algún resultado: la aceleración de las obras públicas.

Gutiérrez habló, en los últimos días, largamente, con Martín Guzmán, el ministro de Economía del gabinete nacional, que enfrenta su propio penar azaroso en otros tipos de frondosidades. Exploró la coyuntura, su evolución, el contexto. También fue anoticiado de una situación relevante: los emisarios del FMI quieren hablar con él, sin intermediarios. Al organismo internacional le interesa sobremanera otro aceleramiento, el del desarrollo de la reactivación plena de Vaca Muerta. Se lo evalúa no tanto como una fábrica de hidrocarburos, sino como una gran productora de dólares para un país que los necesita imperiosamente.

“Quieren la opinión del Gobernador”, dicen desde el entorno de Gutiérrez. La reunión con los emisarios del Fondo se hará esta misma semana, muy posiblemente, el martes. No se sabía todavía si sería virtual, o presencial; y de ser física, si sería aquí, en la propia Vaca Muerta, o en Buenos Aires. Lo que sí se sabe es la relevancia de que el FMI se interese directamente en el territorio del Shale neuquino; y, fundamentalmente, que sus representantes quieran una evaluación directa del mandatario neuquino.

Como sea, la noticia fue comentada con optimismo en el Gabinete, mientras el gobernador cumplía una agenda de inauguraciones o anuncios de inauguraciones futuras, con el intendente capitalino, Mariano Gaido, al lado. El sábado estuvo en la Colonia Rural Nueva Esperanza, un lugar emblemático, y, a la vez, un enclave del peronismo kirchnerista más cercano al MPN. Allí se hará la obra de provisión de agua potable, tantas veces anticipada y tantas postergada. Es una noticia importante para sus pobladores, pero también para el municipio capitalino, que podrá dejar de lado un abastecimiento con camiones cisterna que ha sido, en los últimos años, el servicio de agua potable más caro del mundo, en relación a cercanía y cantidad de habitantes, casi una elegía a la imposibilidad de resolver racionalmente conflictos sociales desde la política.

 Es evidente que el gobierno provincial busca, en la obra pública, un escalonamiento que comience a multiplicar la actividad económica, que nunca antes se había visto tan deteriorada en relación al año precedente. En los últimos días se reactivó una obra emblemática por lo postergada, la del puente en La Rinconada, que vincula territorialmente una zona clave para el turismo, como es la de Junín y San Martín de los Andes. En el norte, otro puente importante está a punto de terminarse, para ser inaugurado en marzo o abril del año próximo: es el que se tiende sobre el río Curí Leuvú, esencial para la comunicación entre Chos Malal y el resto de la zona norte. Son muestras más importantes por su carácter de emblemáticas, que por la cantidad de dinero que insumen. Habrá que esperar para ver si el “aceleramiento” de las obras públicas alcanza la dimensión necesaria, que permita mover activa y fuertemente la construcción, rubro que hoy alimenta el preocupante porcentaje del desempleo.

Mientras comienza a despertar de su letargo obligado Vaca Muerta, la otra rueda que debe comenzar a rodar es la del turismo. Gutiérrez se ha propuesto acelerar también ahí, desde el 1 de diciembre. Desde el gobierno dicen que habrá “incentivos” apuntados esencialmente al movimiento interno entre localidades turísticas. La gigantesca máquina del Estado aportará sus engranajes, para hacer una transferencia del dinero público al privado, a través de las elefantiásicas masas salariales que el Estado enfrenta mes a mes. ¿Cómo se hará práctico y viable esto? Los detalles todavía no trascienden, pero habían sido esbozados antes, pensando el invierno. La estación pasó, y la pandemia -o las recetas para enfrentarla- hizo imposible que el turismo hiciera nada. Hacía años que no había tanta nieve en los centros de esquí, y también, no se registra en el tiempo reciente tanta improductividad con ese producto de la naturaleza, dispuesto en abundancia: mucha nieve y poca gente. Por eso, la apuesta a la temporada de verano será fuerte, y todas las velas están puestas en el altar del coronavirus, para que afloje un poco.

Más allá de la malaria generalizada, lo importante es que la política encuentre el rumbo. El sendero es buscado, y tal vez se acierte con él. Eso, la apertura, el diálogo, están en el menú de las posibilidades de salida. Una vez más, es posible que se llegue a la conclusión a la que siempre se ha llegado a lo largo de la historia: no son tan importantes, las dificultades, como lo que con ellas haga el ser humano.

Rubén Boggi

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