El momento difícil… se hace más difícil para Gutiérrez

Alguna vez se contará este momento de la política neuquina, y se lo recordará como la época de las acciones enmascaradas; y no solo por el uso de barbijos. La distancia entre la verdad y la picaresca mentira disfrazada, se ha acortado, a tal punto que es difícil a veces distinguir una de otra. Esto ocurre no en medio de una comedia divertida, sino en el epicentro del drama social, económico y sanitario de la Argentina; y, ciertamente, el momento más difícil de los últimos años que haya registrado la provincia.

El gobierno de Omar Gutiérrez acaba de decidir la prolongación del status que estaba vigente, de restricciones a la libertad plena, a partir del lunes. Seguirá el “toque de queda”, que prohíbe la circulación de los ciudadanos después de las 20, salvo contadas excepciones. La decisión será enfrentada por una oposición que ya se había presentado con protestas similares hace una quincena. Este domingo, está previsto que se repita una caravana crítica, organizada por el cluster de Pymes, que el gobierno identifica como representativo del sector político opositor. No se sabe cuál es la lectura del gobierno acerca de la amplitud de ese “frente opositor”, pero sí es dado suponer que no se refiere solo al residual de Juntos por el Cambio, sino que, un poco por realidad, y otro por fantasía paranoide, se mete allí a todos los que se permiten discrepar.

La decisión de seguir con las restricciones fue presentada como consensuada con los intendentes. Esto es, en parte, verdad, y, por otra parte, no. Los intendentes no están entusiasmados, precisamente, por la severa restricción tomada en función de lo acordado con el gobierno nacional, de Alberto Fernández. Han dicho que sí, posiblemente, para no romper cuando no es tiempo, para no provocar más daño que el que ya hace, por sí misma, la complicada situación social, económica y sanitaria. Ningún intendente moverá un dedo (un dedo real) para vigilar el cumplimiento de las restricciones. Esto, de hecho, es tolerado… así como los gestos de desagrado se disimulan con los barbijos puestos.

Lo cierto es que la situación comienza a desbordar los cauces institucionales, esos que parecen tan firmes y cuando estalla una crisis se diluyen fácilmente. En lo económico, el sector comercial está que arde. En lo empresarial más amplio, también, y se notará, posiblemente, este domingo y los días sucesivos, con actos de proclamación de rebeldía ante la restricción estatal impuesta. En lo social, la olla a presión ya voló una tapa. Lo sucedido en el barrio San Lorenzo, más allá de lo injustificable -nunca debe ser respaldada la justicia por mano propia- evidenció una insurrección vecinal muy fuerte. La pelea con la policía que procuraba proteger un menor conocido como delincuente precoz y repetido (Martincito), fue dantesca. El barrio quedó tapizado de piedras. Al otro día, quemaron la casa que habían querido quemar el día anterior. Imposible ubicar ganadores o perdedores en estas circunstancias. El gobierno, a través de la ministra Vanina Merlo, difundió una declaración muy lavada, en la que se destaca la necesidad de respetar las instituciones. Pero no parece la hora de dar lecciones de educación democrática, en un año en el que no hubo clases, las escuelas estuvieron cerradas, y no se garantizó la contención de pibes como Martincito, el novel “delincuente” del San Lorenzo.

El gobierno de Omar Gutiérrez se siente víctima de la situación, o, por lo menos, eso parece dar a entender. Se lo ve en figurillas para conseguir cosas que hace un año cumplía fácilmente. Por ejemplo, pagar los salarios estatales. A horas de que empezara el cronograma de pagos, todavía se buscaban millones de pesos que hacían falta y no estaban en el Tesoro provincial, para cumplir esa obligación elemental, que sostiene una parte importante de la paz social en la provincia. Al mismo tiempo, no se ve una recurrencia a medidas políticas que el propio gobierno había anunciado. Por ejemplo, la convocatoria a una multisectorial para integrar un comité de crisis que administre y absorba la metralla del descontento social creciente. Esto no se ha conseguido hacer, no se sabe si por impericia del gobierno, o por negativa a participar del costo político por parte de los sectores presuntamente convocados.

En el contexto, pesa una cuarentena que, además de llevar ocho meses, fue de menor a mayor. La asfixia de algunos sectores económicos se torna inmanejable, y es muy peligrosa. Alguien a quien le está faltando el oxígeno, es capaz de hacer cualquier cosa con tal lograr una bocanada de aire fresco.

Rubén Boggi

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