El fin del confinamiento, el comienzo de lo electoral

Vaca Muerta, reactivación económica y sistema de salud colapsado siguen siendo esta semana, las postales marcadas de la realidad neuquina. Pero se suma una más, no menor, que comienza a destildarse al ritmo de la paciencia que pierde la ciudadanía: se trata de la rebelión social. Para un gran sector de la sociedad, el confinamiento ya terminó. Es una suerte de decreto, pero tácito. Este fin de semana, por ejemplo, que se celebra el día de la Madre, todo indica que se pondrá en práctica. “Veremos los resultados dentro de 14 días”, opinó un médico del Castro Rendón. Mientras esto ocurre, llega el principio concreto de la política. Es octubre. Ya se entró en el “año electoral” propiamente dicho.

Vamos por partes, mejor dicho, por postales:

Por segunda vez desde que se declaró la pandemia, el presidente Alberto Fernández estuvo en Neuquén. Fue el jueves, en una visita claramente política. Llegó con el casco puesto de YPF, el barbijo de identidad corporativa y la bandera a cuadros que marca el despegue de Vaca Muerta. Por lo menos, esa fue la intención sin disimulo y también la primera lectura que dejó en las filas empresarias. Y esto fue así porque hubo mucho anuncio, pero poca precisión técnica, por ejemplo, sobre el precio sostén y sus alcances. La sensación que quedó es que el anuncio del Plan Gas, que apunta a la sustitución de importaciones, es más de lo mismo, pero con dudas. Para muchos, falta conocer más sobre cómo se piensa, concretamente, el desarrollo energético del país.

Hasta el aeropuerto en algunos casos, llegaron referentes del Cluster Pymes Neuquinas. Querían contarle al presidente y mejor si podía escuchar de pasada el gobernador Omar Gutiérrez, por qué el descontento manifiesto ante las restricciones impuestas en esta Fase 1. El sector insiste que no hay brecha entre salud y economía, por el contrario, quiere ser convocado porque se siente parte motor y no carrocería del tejido productivo de Neuquén. Estos empresarios, de hecho, tienen una propuesta, pero sólo alcanzaron a entregarla por escrito a los responsables del protocolo.

Y precisamente con el reclamo de comerciantes y empresarios tiene que ver otra de las marcas de la semana. Hace aproximadamente 15 días que se precipitó una diferencia que ya se venía advirtiendo entre los comerciantes, pequeños empresarios y las cámaras afines. La definición de una nueva cuarentena con fuertes restricciones horarias, nula atención al público y un nuevo golpe letal al sector gastronómico terminó por dividir las aguas. Algunos plantean una crisis de representatividad, otros intereses políticos, y también están los que hablan con la mano en el bolsillo vacío y una parva de boletas que pagar entre impuestos, alquiler y sueldos, sin saber cómo. Pero la división existe.

Hay coincidencias, en cambio, en que no se trata de una dicotomía salud-economía sino de dos realidades diferentes. Se insiste en que no se trata de falta de empatía, sino que casi a coro, los comerciantes y empresarios sostienen que el foco de los contagios Covid no se da en el ámbito laboral. Y que estas restricciones impuestas por Gutiérrez son tardías y proclives a generar un mayor contagio. Contagio de rebeldía. Y les preocupa.

No hay certezas, ya culminada la primera semana de la Fase 1 decretada que, al cabo de los próximos 7 días, la situación sanitaria realmente haya mejorado. Los números, por lo menos, no dan señales en ese sentido: sin ir más lejos, Neuquén batió este viernes otro récord y superó los 600 contagios en 24 horas, cuando hasta julio, el promedio diario no superaba los 300. Las camas en Terapia siguen al 99% y nada hace prever que eso modifique en una semana. “¿Y qué harán, un nuevo decreto bautizando la Fase -1? No hay otra salida que aprender a convivir con el virus. Y en esa convivencia, debe haber libertad responsable, pero no más restricciones”, opinó una comerciante del bajo neuquino, que el martes abrió las puertas de su negocio, menos horas y con cautela. El miércoles, empoderada, decidió enfrentar lo que viniera. “Vino gente, entró y compró barato por el día de la Madre. Algo me sirve. Los que no aparecieron ni en mi negocio ni en toda la cuadra, fueron los inspectores de Comercio (del municipio neuquino)”, relató.

Efectivamente, ante el decreto tácito de la sociedad que salió a comprar y los comerciantes que abrieron, el confinamiento va llegando a su fin. Pero no sólo se advirtió en el rubro comercial. En la sociedad en general se observan gestos de rebeldía. En algunos casos, con alguna torpeza institucional como lo ocurrido el viernes en el barrio Melipal de Neuquén. Por una orden judicial contraria a un pedido de la fiscalía, durante más de 4 horas la gente salió a la calle, se amontonó y chocó con la Policía, en rechazo a que les devuelvan dos acusados de un crimen, para cumplir prisión penitenciaria en su casa. En ese clima enrarecido, pasaron las horas y muchos ya se quedaron en la calle. También en el oeste neuquino, la postal comercial es diferente al microcentro: no hay restricciones, ni horarios ni sanciones. Es el decreto social.

Esa inequidad. Esta crisis económica. Y la realidad de una pandemia que ha venido a quedarse, acá y en el mundo entero por varios meses, obliga a mirar el bosque y no sólo el árbol. El árbol va cambiando cada 14 días. Pero en el bosque van creciendo voces de descontento. Y no está claro quiénes capitalizarán ese malestar, pero pasan los días y se hace más evidente -casi como un clásico de fin de año- el reclamo sindical, las demandas de las organizaciones y la propia interna del MPN. Esa foto del bosque es la que empieza a preocupar.

Silvia Núñez

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