La incertidumbre se acrecienta en Neuquén

Desde marzo ha sido así, pero ahora es más evidente: cómo no hay sistema sanitario que pueda controlar al virus, lo que hace el Estado es controlar a la gente. El esfuerzo de control policial es mayor al de los hospitales. La premisa, en Neuquén y en el resto del país, con sus diferencias, es reforzar los castigos y ejercer el poder de policía sobre la población. Se intenta ser elegante con el discurso, pero si le quitáramos al razonamiento las argumentaciones retóricas y maquilladoras, quedaría su esencia: tratar de que la gente se mantenga lejos de la gente, acotar actividades al mínimo, mantener la circulación del virus amesetada merced a la quietud de las actividades humanas.

No se debe ser peyorativo con estas cuestiones, pero lo cierto es que muchas cosas se dicen o se hacen para la galería. Por ejemplo: los hospitales de campaña que se presentaron con un gran empeño publicitario para tranquilizar a la gente de que la atención sanitaria no flaquearía pese a la mayor demanda, nunca se usaron más que simbólicamente. De hecho, este sábado desarmaron uno grande, en el Estado Único de La Plata, en Buenos Aires. Los grandes galpones llenos de camas no sirven para nada, porque lo que se necesita de verdad, se concentra en las terapias intensivas; y éstas no son solo camas, sino, fundamentalmente, recurso humano especializado y aparatología médica. Eso está al borde del colapso, y no tiene solución, como tampoco la ansiedad respecto de la cura del coronavirus, todavía sin encontrarse.

En Neuquén, el caso de unos alegres bebedores en el Chapelco, que se grabaron desafiando la cuarentena y los protocolos, tuvo repercusión nacional y más allá incluso. El Estado reaccionó rápido, con certeza de que era la mejor publicidad para sostener la cuarentena que se podría haber hecho. Hubo multas -250 mil pesos- para el bar de la base del Cerro, “Torino”, y para la concesionaria del complejo de esquí, Nieves del Chapelco. Los protagonistas del vídeo fueron execrados y condenados por la opinión pública, que se concentró en ellos como una bandada de aves de presa, aunque lo sucedido en el cerro se repite, con reuniones similares, en las canchitas de fútbol, y en innumerables lugares a los que, inevitablemente, la gente comenzó a concurrir. Fue emblemático, y sobre la situación se montó rápidamente una operación para enfatizar los controles en los distritos más aquejados por los contagios, el principal de ellos, la capital neuquina.

Así, el gobierno recuperó autoridad suficiente, seguro del aval popular tras el episodio Chapelco y su repercusión, como para disponer firmes controles de circulación de automóviles. Los neuquinos no van a la esquina si no van en auto. Así que salieron las huestes controladoras, a satisfacer la ansiedad de hacer algo, sirva o no sirva, para mitigar los contagios. El Estado, que ya había dispuesto vigilar con drones, pone más fuerza policial y de inspección en la calle, multas más altas, y promesas de cárcel, ya que no puede poner más médicos, más respiradores, más velocidad para resultados de hisopados, más atención primaria de la Salud. Neuquén ha hecho esfuerzos presupuestarios para mejorar su deteriorado sistema. Pero la prueba de la pandemia ha sido muy exigente, y sorprendió al gobierno neuquino en lo peor de su momento económico, del que pretende ir saliendo de a poco mejorando la actividad productiva en Vaca Muerta.

En este aspecto, fue un paso positivo la visita del titular de YPF, Sergio Affronti, a Neuquén, para reunirse con el secretario de Energía, Darío Martínez, y el gobernador, Omar Gutiérrez. Se dio el mensaje de que la empresa petrolera con capital mayoritario en manos del Estado, retomará la actividad en los yacimientos, con una gradualidad creciente y sostenida. Fue un paso, un pasito, que va de la mano con la precaria paz conseguida con el sindicato, y las promesas que se le han hecho a las Pymes del sector, de que no se les soltará la mano, pues Vaca Muerta es importante para el despegue post pandemia.

¿Y cuándo será la post pandemia? No se sabe, nada se sabe al respecto. Los funcionarios han ingresado en un lamentable espectáculo de reiteraciones de solicitud a la colaboración ciudadana. Combinan eso con la represión basada en los decretos de emergencia. No se sabe qué pasará con las escuelas. Tampoco, qué pasará con la actividad comercial, la productiva, la industrial. No se sabe. El año 2020 pasará a la historia como el período de tiempo de mayor incertidumbre desde 1853 a la actualidad.

Rubén Boggi

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