Neuquén, en la hora de las consecuencias

Los tiempos difíciles no son impostados, son reales. En todo caso, la impostación pasa por otro lado, por revestir los niveles de dificultad con causas difusas, y vincularlas con el azar de la naturaleza y no con la responsabilidad de los humanos. Este es el principal rasgo de la coyuntura: los gobernantes no han podido, o no han querido, asumir plenamente la responsabilidad de la dificultad social y económica que atraviesa el país; y la han vinculado con una pandemia, un problema sanitario, que no es menor, pero que no provocó nada per se en la economía, la política, la seguridad.

Esto se ve en todo el país, y en Neuquén también. Aquí, como en otros distritos, la tapa de la olla a presión social se sostiene con empeño y mucho gasto. El mayor gasto político actual está destinado a la contención. Dentro de la contención está lo sanitario, pero no es exclusivo. Digámoslo así: se gasta más sin clases que con clases; se gasta más sin trabajo que con trabajo; se gasta más con comercios cerrados que con comercios abiertos; se gasta más combatiendo el delito en cuarentena que fuera de ella. Al mismo tiempo, en todos los rubros, los ingresos son inferiores a los gastos. Consecuencia: estamos en un proceso de acumulación de déficit. Tanto en lo público como en lo privado.

En este contexto, el gobierno de Omar Gutiérrez intenta no perder el timón de vista. Lo tiene agarrado con las dos manos, el gobernador. Ha acentuado su perfil personal en la impronta de conducción. Nunca fue amigo de delegar mucho, y ahora, menos. Las dificultades se han acumulado, pese al intento de preverlas y evitarlas. Por ejemplo, en el tema inseguridad.

Allí hay un doble problema. Por un lado, la coyuntura tan especial ha terminado por favorecer una escalada de los delitos, no tanto contra la propiedad, sino, más bien, vinculada a la enloquecida disputa territorial del narcotráfico. El negocio narco, en pequeña, mediana y también gran escala, es el principal factor que revuelve el esquema de seguridad neuquino. Deriva en una escalada de violencia.

El otro aspecto del problema, es la propia fuerza policial, la herramienta central para aplicar las políticas de seguridad pública. La fuerza pasa por un sordo conflicto, que a veces asoma el morro, y a veces queda soterrado. El conflicto existe por las mismas causas que ya hemos visto en otras circunstancias críticas: descontento laboral, descontento económico, descontento con la conducción de la fuerza.

Las especiales circunstancias de la pandemia atraviesan el escenario, claro. Sin duda que han influido en todos los aspectos. Será muy difícil salir de la encerrona que la propia política gubernamental ha creado. Todo se torna un poco incierto. Volver al trabajo, por ejemplo. Hay miles de empleados públicos que han permanecido cinco meses en sus domicilios. Si ha servido esto para morigerar el impacto de los contagios de coronavirus, es algo que nunca se sabrá. Lo que sí se sabe es que esta situación tiene que terminar, porque es inviable un Estado con la mayoría de su fuerza laboral en casa. Ni siquiera trabaja a distancia, como ha pasado en empresas privadas.

Esta semana se empezará a hacer volver a los empleados estatales. Se tendrá en cuenta solamente la salud. En concreto, no volverán aquellos que tienen alguna situación de riesgo médico. La gran masa de empleados, se supone, es necesaria para mover el andamiaje del Estado. ¿Cómo se ha funcionado hasta ahora? Deficitariamente, eso es seguro. El sector que más ha trabajado, por razones obvias es Salud. El otro, es Seguridad. El docente, ha trabajado a media máquina, y, además, sin perder de vista su razón esencial, es decir, el conflicto. Han trabajado, también intensamente, en Vialidad, en el EPEN, en el EPAS. Pero la gran masa burocrática directamente no ha trabajado. Miles de empleados cobrando su salario sin más trabajo que ir al supermercado, mirar Netflix y quejarse de lo aburrida que es la vida. Todo eso tiene un costo. Un costo mayor al de la normalidad.

El momento, difícil, es, pues, absolutamente independiente de la Pandemia, el coronavirus, la naturaleza, el mundo y sus cosas. Es enteramente responsabilidad de las políticas que se han aplicado. Por eso, es lógico suponer que ahora las políticas se aplicarán para superar una coyuntura que ha sido, cada vez es más claro, una gran equivocación colectiva. El país, la provincia, están sumidos en una gran crisis económico-social. Ya no dará para justificarla con un virus. Ahora, habrá que ponerse los pantalones largos, y enfrentar las consecuencias.

Rubén Boggi

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