Aislamiento, crujidos y penas económicas, resaltan en Neuquén

El gobierno de Omar Gutiérrez, empezando por él mismo, está absolutamente concentrado en lo que definen como “el control” del primer brote de coronavirus importante que tiene la provincia, focalizado en el área metropolitana, integrada por la capital, Plottier y Centenario. Así se dan las cosas en Argentina: la división política ha hecho del combate contra la enfermedad, una cuestión disgregada y llena de matices, no siempre conveniente. En Neuquén, estas tres ciudades están por ahora separadas del resto de la provincia, y, asimismo, de las localidades rionegrinas con las que compartían trabajo, economía, educación y otras cotidianidades que la pandemia -o, mejor dicho, la interpretación política de la pandemia- ha pulverizado.

La definición de “circulación comunitaria” fue la categorización de esta coyuntura. No se entiende desde el sentido común este afán médico, de pretender que un virus sea extranjero, y solo darle la “nacionalidad” cuando se verifica una cierta cantidad y calidad de casos de contagio. Es un enfoque ideológico de la medicina que ha primado en un mundo que sólo está globalizado en función de los intereses, no de los infortunios. Los políticos no hacen otra cosa que traducir esa interpretación en acciones “en bien de la comunidad”, por supuesto. Pero… la realidad siempre corre su propia carrera.

El impacto del virus desnuda falencias, por supuesto. Hay que ver cómo se tiran la pelota. Sería divertido si no hubiera un matiz trágico. Lo del Policlínico ADOS es un sainete, pero es un sainete desde hace muchos años. Mientras los empleados salen a protestar a la calle porque no tienen seguro nada, ni sueldos, ni garantía de continuidad laboral, el foco de contagio que desató esa institución fue tremendo, y colaboró en mucho con la “circulación comunitaria” y la decisión de aislar, como si fuera una gran ciudad amurallada a la zona capitalina del resto. El sistema de Salud cruje con estas cosas. La “desinfección” del ADOS se transformó en un asunto de Estado, y el ministerio de Salud, que conduce Andrea Peve, salió a aclarar lo que era una desinfección. El arrebato pedagógico tuvo frases antológicas, como, por ejemplo: “La higiene en los establecimientos sanitarios es uno de los aspectos fundamentales en el control de infecciones”. Bueno, está a tono con la calidad presuntamente pedagógica de la política, con un Presidente que dice cosas como “si ustedes entienden que queremos cuidarlos, todo es más fácil”.

También hubo impactos desparejos y guerras internas más o menos públicas. El Hospital Bouquet Roldán decidió implementar un protocolo propio, para, básicamente, reservarse el derecho de admisión de contagiados de coronavirus. Desde la conducción del Sistema de Emergencias, el SIEN, Luciana Ortiz Luna se ocupó, tal es su costumbre, de hablar con frases sin anestesia sobre estas crudas realidades que no siempre llegan sin filtro a los despachos oficiales de la primera plana de Gobierno. El SIEN combate en las trincheras. Tiene que lidiar con pedreas, ataques, discriminaciones, amenazas, todo en trasnoche, entre el desamparo y el frío. Allí, en realidad, se libra la batalla, que ahora es con el virus, pero que antes era por otras causas igualmente importantes, y después podrá ser con otras. La batalla para conservar la dignidad de las personas en medio de las carencias, la desigualdad, la injusticia de un sistema imperfecto.

Así, el gobierno de Omar Gutiérrez, con él liderando la acción, está concentrado en el tema pandemia. No saldrá de la capital esta semana, porque se “debe dar el ejemplo”, y la capital está aislada del resto. Nadie quiere contagiar a los demás, mientras los capitalinos rumian la desgracia y se sienten parecidos a los porteños, a 1.200 kilómetros de distancia, con algunas diferencias: acá, por ahora, se puede salir a correr. Pero, las restricciones son tantas, todas incómodas, que el malhumor crece, se sostiene, y pasará a ser un argumento de la política, inexorablemente.

En paralelo a la actividad político-sanitaria, el gobierno cuenta los pesitos uno por uno para anunciar el cronograma de pago de salarios estatales. No le es fácil. Los recursos siguen menguados. La recaudación global mejoró un poco respecto de mayo, pero sigue lejos de la “pre-pandemia”, es decir, de los números de febrero. ¿Y qué pasará con el aguinaldo? No se sabe, pero es casi seguro que se hará algo en el rumbo de lo que ya anunció el municipio capitalino, a modo de globo de ensayo para observar repercusiones. Puede ser un pago desdoblado, o escalonado, o atendiendo a algunas situaciones antes que a otras. En definitiva, lo más seguro es que el aguinaldo en julio no se pague (no se pueda pagar) en una sola entrega. Gutiérrez sabe que no desentonará en esto con otros distritos, y ya se hizo la prueba del anuncio en capital. Así que, podrá haber algún gesto sindical, pero está todo más o menos conversado, y es difícil que alguien saque los pies del plato.

En estos tiempos difíciles, lo que prima es el financiamiento para tapar los agujeros de la caída de recursos. De hecho, el mismo Gutiérrez anticipó que probablemente pida aumentar en otros 2.000 millones de pesos el permiso para emitir Letes, o letras del Tesoro. Es probable que lo necesite, para que haya un mecanismo de pago a proveedores que siguen proveyendo al Estado, porque, pese a que la actividad burocrática se redujo, pese a que las escuelas están cerradas, el gasto se mantiene y las exigencias físicas de ese gasto, también.

¿Hasta cuándo? Nadie sabe esto. ¿Hay un plan? No hay plan. Se irá improvisando. Desde Alberto Fernández hasta el más humilde de los gobernadores. Nadie sabe qué pasará. Este es el principal dato de la realidad política de la coyuntura. Por eso, la gente empieza a sentir miedo. Porque el miedo, siempre, nace de la incertidumbre.

Rubén Boggi

Etiquetas del artículo:
Categorías de los artículos:
Deportes · Editorial

No se permiten comentarios