Francisco mató a María con un cuchillo oxidado

A María Gelpez Fernández, 77 años, española, la encontraron muerta en la habitación en la que, dificultosa y conflictivamente, convivía con su marido. Tenía una herida letal en el cuello, y otra en el tórax. La ropa estaba manchada con su sangre. Y el esposo, Francisco Pereyra Espasandino, también de 77 años, fue encontrado en un cuarto, al lado, preparando un bolso con ropa, para irse.

María y Francisco se llevaban mal. Tenían 50 años de casados. Los últimos, viviendo en esa hostería que cuidaban. Una cocina, dos cuartos, un baño, en un edificio con muchas habitaciones, un laberinto preparado para el hospedaje, una gran casa que, como una réplica del desarrollo del gran hotel de El Resplandor, aquella película insigne de Stanley Kubrick, ofició de decorado para un drama que se fue incubando de a poco, día a día, noche tras noche.

Fue Francisco quien llamó a la policía. Usó un lenguaje policial para hacerlo. «Hay una femenina fallecida, y todavía no vinieron los médicos». Ese fue el mensaje en la línea 911, en Escobar, Buenos Aires. Cuando llegó la policía, encontró a María ya muerta, ya asesinada, y a Francisco, quizá apenas minutos antes de que se fugara, con destino incierto y final todavía más dudoso.

Varios cuchillos oxidados fueron secuestrados en el lugar del crimen. Los investigadores especulan que con un cuchillo de esa colección antigua fue que Francisco mató a María. En la habitación, en el bolso en el que preparaba Francisco para su desesperanzada huida hacia lo imposible, encontraron 25 cartas que nunca había enviado. En cada una de ellas hablaba de matar a su esposa. Porque ya no la quería y se había transformado en una molestia. Porque él, en realidad, amaba a otra mujer.

En la misma hostería, viven dos hijos de la pareja, con sus respectivas familias. Uno de ellos bajó del segundo piso, y al ver lo que había sucedido, ya con la policía presente, increpó a los gritos a su padre. Le recriminó el crimen cometido. No tuvo ninguna duda de quién había sido el autor de los cuchillazos que terminaron con la vida de María.

Al rato, llegó una nieta de la pareja desarmada por el femicidio. Reveló a los investigadores que sus abuelos llevaban más de 50 años casados,  y que la relación entre ellos era conflictiva.

María Gelpez Fernández se convirtió en la víctima de femicidio número 86 en este año aciago. De esa cifra, 51 se cuentan desde el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio por la pandemia de coronavirus.

Rubén Boggi

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