Una niña llamada Julie, la evidencia del virus mutante

Tenía 16 años y se llamaba Julie. Nadie hubiera podido vaticinar que moriría tan joven. Y que pasaría a ser una demostración estadística de la amplitud letal del coronavirus. Julie murió en Francia. El país que ha sido un faro de ilustración y cultura para Europa y el mundo, llevaba casi 30 mil contagiados, y habían muerto 1.698 personas.

Julie iba a la escuela secundaria, en la región de Essonne, al sur de París. Empezó a tener tos. Empeoró rápido. Fue hospitalizada en Longjumeau, con dificultades para respirar. Fue varias veces internada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) antes de ser trasladada al hospital Necker, un prestigioso centro de salud parisino.

Allí murió, antes de tantas cosas, antes del amor, y el desengaño, y las pruebas de existencia que nos da, a la mayoría de las personas, la vida.

Manon, su hermana, habló con los periodistas. Sumergida en el dolor y la evidencia de lo irreversible, se permitió advertir que «debemos dejar de creer que esto solo afecta a los ancianos. Nadie es invencible contra este virus mutante «. Dijo que Julie no tenía una enfermedad preexistente antes de contraer coronavirus.

Julie, la adolescente francesa, es un caso testigo para la ciencia. Un antes y después en la pelea contra el virus.

Julie nos dice que no olvidemos a los niños y los jóvenes en esta pandemia. Pensemos, por ejemplo, que hay en estos momentos 80 millones de chicos en Latinoamérica que no reciben las raciones de alimentos que recibían antes de las restricciones impuestas por el avance del coronavirus.

Pensemos que los virus no eligen. Pero nosotros, sí.

Rubén Boggi

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