Macri y Fernández, bajo la advocación de los pobres

Mauricio Macri y Alberto Fernández participaron juntos de una misa, en la Basílica de Luján, que fue convocada por la Iglesia Católica con el lema “por la unión nacional y la paz”. El presidente saliente y el entrante fueron la encarnación obvia del lema: un gesto, político, que tal vez no deba exagerarse, porque difícilmente vaya más allá de los videos y las fotos, y los buenos deseos para la ocasión de una tribuna previsible, ansiosa por destacar la coincidencia antes que la discrepancia.

Macri concurrió con Juliana Awada, y Fernández con Fabiola Yáñez. Fueron a la misma los principales colaboradores, presentes o futuros, de ambos. La ceremonia religiosa fue oficiada por monseñor Ojea, con la homilía a cargo del arzobispo de Mercedes-Luján Jorge Eduardo Scheinig. El eje de los mensajes de los religiosos fueron los pobres. Desde la perspectiva clásica de la Iglesia Católica: una exaltación de quienes atraviesan tal condición, porque “con sus dolores, conocen al Cristo sufriente”.

Más de 40 por ciento de los argentinos, según la estadística que hace la Universidad Católica Argentina, están en esa condición de proximidad, en esa posibilidad de “evangelizar” al resto. Macri prometió “pobreza cero”, y esta ha sido la consecuencia de sus políticas. Fernández prometió ya comenzar por el eje de los más pobres y resolver, en principio, la creación inmediata de fuentes de trabajo. Pero todo esto queda, por ahora, en ese mágico mundo a la sombra de la cruz que se vio en Luján: gestos, intenciones, que no siempre se plasman en la dura realidad argentina.

Rubén Boggi

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