El MPN debería tomar nota que no todo lo que reluce es oro

Pasó una semana de complicaciones, accidentes, tragedias y confusiones; todo, vinculado de alguna manera al factor meteorológico, un invierno con nevadas como no había desde 1995; y todo, con una repercusión casi neutra en las campañas políticas, pues ni la mayor de las tragedias es capaz, en esta política despegada de las necesidades de la gente, de alterar los fríos planes del establishment, que apuntan a la obsesiva caja del financiamiento general, el que tiene como objetivo central la posesión y control del dinero que comienza a manar, en cuentagotas todavía, de Vaca Muerta.

El MPN ha hecho todo lo posible para ensuciar el campo ajeno, mientras cultiva en el propio. Las redes son el campo de batalla propicio para esta política siglo XXI. Allí se mostró con impudicia cómo se intenta sacar rédito de la disputa –no demasiado importante, pero que ha sido magnificada- entre Horacio Quiroga y Marcelo Bermúdez. El candidato del “castigo” quiroguista al libre pensamiento bermudista, Juan Monteiro, proliferó en fotos con Quiroga su campaña por Facebook y Twitter y Google. Como contrapartida, Bermúdez hizo algo parecido y se sacó una foto envuelto en la roja y blanca de los radicales, disparando contra las picardías deshonestas y procurando poner énfasis en la transparencia de su propuesta.

Mariano Gaido, mientras tanto, amplió su horizonte de listas colectoras con una que había quedado rezagada en el cumplimiento de cuestiones exigibles por la justicia electoral. La mayoría de las listas que respaldan al MPN, son del MPN, por lo que la estrategia necesita inevitablemente la validación de las urnas para recién confirmar si es o no atinada y efectiva. Gaido recibió otro firme impulso de parte del gobernador Omar Gutiérrez, quien parece ahora más decidido a involucrarse en la campaña capitalina, más que en la que hace Guillermo Pereyra en su empeño por llevar su propia candidatura hacia otro período en el Senado. Pereyra tiene examen pronto, en agosto, aunque no vinculante con la prueba final de octubre; Gaido, es posible, no sentirá el impacto de una prueba negativa en las PASO de su compañero de partido. Lo saben en el MPN, y están medianamente tranquilos.

El contexto para estas cuestiones electorales, que incluyen en segundo plano los comicios de Plaza Huincul, es de apabullante realidad cuestionadora del efectivo rol del Estado en la solución de los problemas. Hizo mucho ruido el tremendo accidente de la ruta de los Siete Lagos: esa desesperación por llevar combustible a una semi-aislada Villa La Angostura (por el derrumbe en la ruta 40, entre la Villa y la conexión con la 237) hizo que se habilitara el tránsito de cargas de YPF por una ruta que no admite ese tipo de vehículos peligrosos; y la historia terminó muy mal, como se sabe, con dos muertes, una de ellas, un operario del EPEN, José Hermosilla, de Centenario, que había estado trabajando precisamente en las operaciones para restituir el servicio de energía a la complicada ciudad turística lacustre.

Estas cosas también forman parte del debate continuo que hay en todos los sectores, pero particularmente, en el sector empresario, sobre la evidente carencia de infraestructura que todavía sufre la provincia, a pesar de hacer gala (desde hace casi tres décadas) de ser “la mejor provincia del país”. Esa carencia refiere sobre todo a la cuestión vial y de conexión entre localidades, y fundamentalmente, a lo que se debe, y ya obstaculiza acciones, para seguir haciendo crecer el brillante desempeño productivo petrolero-gasífero en la gran formación de Vaca Muerta.

Además de las operadoras principales de la cuenca, trabajan en Neuquén alrededor de 800 empresas adosadas a ese fenómeno de extracción no convencional. Todo ese empeño empresarial, que genera miles de puestos de trabajo, mira con cierto asombro la persistencia de la ineficacia del Estado en concretar acciones de infraestructura necesarias. Es evidente que hay un poco de mareo progresista de laboratorio, de burbuja: en el campo, los caminos malos, el tren que no llega, la oportunidad de los caños para sacar producción, y, sobre todo, la incertidumbre electoral, pegan fuerte y son más realistas que los discursos inflados.

Quien prefiera creer que hay una tranquila aceptación de la transformación de Neuquén, otra vez, en una isla del bienestar argentino, puede hacerlo. Pero es muy posible que termine sumido en el desencanto de la imperfección y el desatino, si es que no se toma rápida nota de que la economía no acepta dilaciones, mucho menos, esa economía que surge de las entrañas atávicas de la tierra.

Rubén Boggi

 

 

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