Un balazo metió la realidad en medio de la ficción electoral de campaña

Hay veces que la realidad se mete en esa ficción denominada campañas políticas electorales; el sábado 13 de julio ocurrió en Neuquén una de esas raras irrupciones, cuando un taxista resultó gravemente herido por un disparo de arma de fuego, dentro de su taxi, cuando transportaba dos personas que resultaron ser maleantes, desde el corazón céntrico de la capital neuquina. El hecho impactó fuerte, produjo bloqueos en los accesos a la ciudad, de parte de los colegas del hombre gravemente herido, y se introdujo de lleno en las implicancias y lecturas políticas de la campaña.

Un tema de inseguridad pública es apto para estas implicancias, sobre todo si el ministro de Seguridad es candidato a intendente, como es el caso de Mariano Gaido. La justicia y la policía actuaron rápido, hubo detenciones, la causa está en marcha, pero el debate va más allá, es profundo, y para algunos, más aprovechable que para otros, pues en el impiadoso mundillo de la política, las condolencias y solidaridades siempre son la excusa, la pantalla, para un fondo lleno de miserables picardías.

El más rápido, y siempre genuino en estas cuestiones, fue el candidato a senador por Juntos por el Cambio, Horacio Quiroga. Desde su rol actual de Intendente de la ciudad, primero enfatizó en el tema de que la policía debía encontrar a los culpables, mientras al mismo tiempo bajaba línea sobre la cuestión de las protestas que derivan en bloqueos y sitios ciudadanos: no pueden justificarse, ni siquiera por un crimen, aseguró Quiroga. Todos le creyeron, también quienes critican estas posiciones ideológicas, por la sencilla razón de que otras veces, muchas, antes que este sábado, ha opinado lo mismo.

Quiroga está embalado en su campaña hacia, primero, las PASO. Es que recibió buenas noticias de los encuestadores, que lo ubican cerca de una banca en el Senado. Más allá de la puja interna del sector que lidera, en cortocircuito coyuntural con el candidato a intendente, Marcelo Bermúdez, se prevé que la fuerza de los números y la lógica de las construcciones positivas, redunden en resultados adecuados tanto en agosto como en septiembre: los primeros lugares estarían asegurados…no así la victoria del primer puesto. Para eso habrá que seguir remando, en medio de esa realidad que se empecina en meterse en el saco de las ficciones.

La situación de la cooperativa CALF, sus implicancias, y ese tejido que combina cuestiones locales con nacionales, también es un elemento de la realidad que impacta en todos: en CALF, en primer lugar; en el oficialismo municipal, porque es el poder concedente; y en el MPN, porque no solo se siente parte de la conducción cooperativa, sino que quiere más de esa torta, además del municipio, al que se lo ve tan cerca, tan tentador, y al mismo tiempo, tan elusivo por la esquiva conducta de los votantes capitalinos.

Fue el candidato a senador y actual ocupante de una banca en esa cámara, el sindicalista petrolero Guillermo Pereyra, el que produjo una definición contundente, lejos del mundo de los tibios, este mismo sábado. “Ciapponi no debe renunciar a la presidencia de CALF”, disparó el gremialista, en un contexto cálido y apropiado, un almuerzo por el Día del Trabajador de la Electricidad, en donde se enseñorea otro sindicato poderoso, el de Luz y Fuerza.

Esa definición va en sintonía con lo que en la realidad ocurre en la cooperativa. Ciapponi probablemente no renuncie a la presidencia. Sí podría tomar alguna licencia, coyunturalmente, mientras se aplacan enojos macristas que se traducen en actitudes de CAMMESA. En el frente interno local, la presión se va diluyendo a medida que los principales protagonistas de las elecciones capitalinas toman nota de que a nadie beneficiaría una crisis más profunda en la distribuidora domiciliaria capitalina de energía eléctrica. Las chicanas producen chispazos, pero si esos chispazos cortan la luz, después nadie podría encontrar una solución rápida. Y la furia y el malestar ciudadano terminaría por aplastar a todos, tirios y troyanos.

Lo que queda cada vez más claro, para los entusiastas cultores de las alquimias electorales, es que la realidad no pasa siempre por sus laboratorios, y cualquier hecho fortuito puede torcer los ejes de ese escenario virtual que construyen las consultoras, los gráficos, las maquinaciones y las roscas. Este sábado, un solo disparo de un arma de fuego demostró que la capital neuquina continúa siendo una olla a presión de preocupante inestabilidad. Fue un llamado de atención, y también, al menos para algunos, una oportunidad: de la buscar sintonizar, alguna que otra vez, esa ficción que se llama campañas con esa realidad que conocemos los ciudadanos de a pie.

Rubén Boggi

 

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