Jugadas del MPN, y algunas intimidades del armado electoral

Coaliciones, frentes, pastiches, juntadas: el esquema de partidos políticos como representación ciudadana está en plena crisis, en transición hacia nadie sabe muy bien dónde. Esto se ve en el país y en Neuquén también: las tres principales listas que competirán por bancas en el Congreso fueron armadas por los dirigentes del establishment, de acuerdo con los intereses vigentes para cada caso, una mixtura extraordinaria y con pocos antecedentes, donde se da la singularidad de que el MPN, que competirá con la clásica “boleta corta”, sin candidatos para presidente y vice, juega en las demás su propia apuesta.

No es una casualidad del juego, ni una cuestión personalista, la que permite que tanto en la lista kirchnerista, con Silvia Sapag, y en la macrista, con Lucila Crexell, esté presente el MPN. El partido provincial no es inocente, no hay casualidades generalmente en la infinita trama de sus proyecciones y estrategias. Sabe que el Congreso Nacional es el ámbito donde cuajan alianzas que no necesariamente haya que mostrar de manera explícita, y sabe, fundamentalmente, que su propia política, la genética que le viene desde 1961, es la de poder negociar nacionalmente tanto con el oficialismo como con la oposición.

La lista del MPN, con Guillermo Pereyra y Marisa Focarazzo como candidatos titulares al Senado, es una jugada impecable en esa concepción. Si consigue al menos una banca –la tendrá difícil, porque la competencia será dura– habrá sentada en ella un hábil negociador de trayectoria probada, capaz de dialogar tanto con Mauricio Macri como con cualquiera de los Fernández. Si no la consigue, tendrá cartas para mostrar, credenciales de alta calificación en las movidas secretas de la política, que podrán probar fidelidades y acuerdos tanto con ganadores como con perdedores de las elecciones de octubre: el macrismo y el kirchnerismo tienen pagarés firmados por dirigentes del MPN…y viceversa.

Estas elecciones muestran además la larga prevalencia de figuras con más de tres décadas de vida en la política neuquina. Guillermo Pereyra, Oscar Parrilli y Horacio Quiroga representan esa generación que comenzó a ser protagonista con el retorno de la democracia en 1983. Al mismo tiempo, son emblemas de las negociaciones entre sí y con el MPN en particular. Quiroga accedió a su primer gobierno respaldado soterradamente por un sector del MPN; Parrilli, en la década del ’90, fue nexo con las necesidades políticas del menemismo, que pasaron también por el gas y el petróleo y por aquella privatización de YPF; Pereyra estuvo siempre tanto de un lado como del otro, y fue, personalmente, el más favorecido por aquella privatización, pues su sindicato pasó a ser el fuerte, en detrimento del SUPE, que se hundió en el olvido junto con la desaparición del Estado en el control de la petrolera más importante del país.

Se dice en el ambiente que Parrilli tiene asegurada la banca, porque además de los votos que arrastrará el kirchnerismo por sí mismo en Neuquén, recibirá una ayudita de algún sector del MPN que le debe todavía cuestiones muy singulares a Cristina Kirchner, y con la que está emparentado hasta en el peligro de recibir alguna metralla del fuego abierto desde la Justicia en la investigación de una década plagada de irregularidades que pasaron por la política y el Estado. La imposición de Parrilli fue un “dedazo” de Cristina explícito, porque en Neuquén el PJ conducido por Darío Martínez no quería saber nada. Esa decisión la conocía el MPN antes que el propio PJ, pero el PJ no se sabe bien si la desconocía o la quería desconocer. Finalmente, José Luis Gioja, como ya contara este diario, fue el encargado de bajarle la instrucción explícita a Darío Martínez, que después reforzaron Máximo Kirchner y “Cuervo” Larroque, ambos de diálogo frecuente con el neuquino. Martínez aceptó a regañadientes, en un año para el olvido, pues fue postergado dos veces; y aceptó la candidatura a diputado, una candidatura rara, pues tiene actualmente mandato, hasta el 2021, ya que asumió su banca en 2017.

Se dice también que Horacio Quiroga, hasta solo unos días, no tenía en sus planes ser candidato a senador, y que la posibilidad de la candidatura comenzó a esbozarse a partir de un pedido del presidente de la UCR a nivel nacional, Alfredo Cornejo, quien puso su nombre sobre la mesa en las negociaciones con el PRO a nivel nacional. A Cornejo se sumaron otros referentes de la UCR nacional y del mismo gobierno nacional que ven la candidatura del neuquino como una posibilidad concreta de lograr una banca más en el Senado, habida cuenta que es el referente de mayor peso político y electoral en el distrito. La polarización que se espera entre Macri-Pichetto y Fernández-Fernández fortalece la lectura de que la puja se podrá concentrar  entre Quiroga-Parrilli, con el debilitamiento del MPN en función de su boleta «corta». Lo concreto fue que Quiroga mantuvo hasta el último día el misterio, y no había dado el sí cuando ya se sabía de la incorporación de Lucila Crexell como compañera de fórmula, tras un pedido de Pichetto que avaló el propio Macri a través de Marcos Peña. Después de varios días de especulaciones, finalmente este sábado, después del mediodía, Quiroga recibió el llamado de Pichetto, y después de Peña, pidiéndole expresamente la incorporación de Crexell como segunda candidata, y la candidatura propia para “asegurar” una banca más en el Senado.

Rubén Boggi

@DiariamenteNeuquen

 

 

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