El Cambiemos quiroguista se recompone ante la amenaza del MPN

El MPN amenaza el bastión opositor capitalino, hoy administrado por la representación neuquina de Cambiemos, y las jugadas políticas que se hacen, tanto para favorecer el retorno provincialista a la capital, como para ratificar la continuidad opositora, entroncan inexorablemente con la perspectiva de las elecciones nacionales de octubre, porque en el reparto de cargos electivos, la senaduría o la banca en Diputados es una válvula que desagota presiones en el distrito más importante de Neuquén.

En Cambiemos, después de un primer efecto de diáspora creado por la dura derrota del 10 de marzo, se está ante una recomposición de expectativas, ganada a partir de una negociación que puso por delante la necesidad de no perder la capital, subordinando cualquier otro interés a ese, principal, casi supremo. Los rencores se disimulan, ya que el amor no sobra: Horacio Quiroga, dicen, tiene las garantías necesarias sobre determinadas parcelas de poder, como para respaldar sin problemas a Marcelo Bermúdez. Este, a su vez, ya no tendría necesidad de confrontar con el Intendente y sus funcionarios más cercanos, en función del resultado de esas mismas negociaciones; y los demás candidatos que amagaron, en el proceso de intercambio, es probable que hagan mutis por el foro sin demasiado ruido.

La posible unidad de Cambiemos, conlleva también el despegarse del efecto negativo del momento, el que protagoniza el propio Mauricio Macri, con su gobierno de idas y vueltas. Quiroga sigue presidiendo el espacio, y no habría necesidad de hacer gran cosa, tal vez ni cambiarle el nombre, aunque esto es posible. De fondo, lo que interesa a la coyuntura es que ante el embate del MPN, que tiene serias posibilidades de “recuperar” (como siguen diciendo, comparando la ciudad con una propiedad política) el distrito que le es esquivo desde 1999, haya suficiente convicción y masa crítica para impedir tal cosa. Casi como cuando Quiroga, con una manito del sapagismo de entonces, triunfó por primera vez e inauguró un bastión que ha tenido continuidad hasta ahora.

El MPN no se desgarraría las vestiduras si gana Bermúdez. Pero, como huele la sangre con su hocico de bestia hambrienta de poder, no puede con su esencia, y presentará batalla a fondo. De hecho, está urdiendo una telaraña de relaciones para conquistar el palacio que le falta. Por un lado, ya desplegó el ala progre-peronista, con referentes como Gon Granero y Adrián Urrutia, proclives a seguir a Gutiérrez aceptando trabajar para la candidatura de Mariano Gaido. También quiere sumar al ahora alicaído Libres del Sur, una agrupación que siempre se ha cobijado bajo el ala financiera del Estado emepenista.

Pero no es solo lo que sume, sino en cuántas partes se divida la competencia, lo que importa. Por eso, el entronque con las promesas nacionales, senaduría y bancas en el Congreso. Esto el MPN lo trabaja en el corazón de las ansiedades kirchneristas, y el diálogo es en directo con la jefa del movimiento, la, por estos días, viajera en Cuba, Cristina Kirchner. Si prospera la candidatura a senador de Oscar Parrilli, sería en buena medida por un aval que jamás se aceptará pero que existiría, en los hechos ocultos de la política, del MPN. Porque el partido provincial necesita que haya al menos tres fuerzas fuertes en el distrito capitalino, no una polarización cerrada con el “quiroguismo residual” que encarnaría Bermúdez.

En fin, en medio de tanta rosca, también es cierto que el MPN podría tener muchas colectoras, y para eso necesita una amplitud de cargos electivos en oferta que superan los de las bancas posibles en el Deliberante. Si concreta lo que amaga, el partido provincial podría tener una posibilidad cierta, aunque la probable unidad de Cambiemos, en el distrito que mejor representa, será un hueso duro de roer.

Rubén Boggi

 

 

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