La lógica del logaritmo, Gutiérrez, Figueroa, y los demás

La misma lógica de la actual política que produjo la unión entre Ramón Rioseco y Darío Martínez, es la que consolida hacia el fin del año y antes del inicio formal de la campaña a la fórmula del MPN, integrada por el actual gobernador Omar Gutiérrez y el presente presidente del Banco Provincia, Marcos Koopmann; y también la que hacía inexorable la candidatura de Horacio Quiroga por Cambiemos, más allá de las histerias ocasionales de la conducción macrista.

Es la lógica de los votos logarítmicos. Es decir, los votos que todavía no son votos, pero que se insinúan a través de los mecanismos que la tecnología ha facilitado, encuestas rápidas, permanentes, que van midiendo los estados de ánimo, circunstanciales o duraderos, de las mayorías y minorías argentinas. El logaritmo digital es la nueva política argentina. Y en Neuquén también.

Por eso, no ha sido la interna la que definió la consolidación de Gutiérrez, aunque ayudó, por supuesto, sino el proceso posterior, en el que Rolando Figueroa advirtió que continuaría su cruzada contra el fraude y que podría presentarse por afuera del MPN. La bandera de la convocatoria a la unidad alrededor del sacrosanto partido del poder fue más poderosa que la de la contienda por ver quién era el más representativo. Figueroa ha ido quedando cada vez más solo, él y sus votos, sumido en un silencio que algunos describen como estratégico y otros como inevitable; y Gutiérrez sintió crecer su confianza, tanto como empezó a recibir señales de arrepentidos y/o convencidos por la fortaleza del poder.

El sábado, Gutiérrez terminó de bordar el escudo del MPN reconstruido para la ocasión, en una reunión con referentes del MAPO, el espacio que le fue crítico y al que enfrentó, bajo la advocación violeta de Figueroa. Estuvieron con el gobernador y presidente del partido Rodolfo Laffitte, Alvaro Quintana, Naldo Labrin y Federico Brollo, entre otros. Cada uno de ellos, con este gesto, respalda la candidatura oficial. Habrá otros que no, que no salieron en la foto y vaya a saber qué harán.

Pero la diáspora del MPN, que presuntamente seguirá, ha sido coyunturalmente disimulada. Figueroa sufre lo que tal vez sabía que le pasaría, o al menos, estaba en los cálculos de posibilidades. Se han ido incluso colaboradores de la planta política de la Legislatura. Por ejemplo, Juanchi Sandoval, y también Claudia Mástice. Estas cosas suceden ahora, antes de la presentación de listas, por una razón que hace a la cuestión de las obligaciones, temores e incertidumbres que rodean paradójicamente a quienes más seguros están en comparación con el resto de la población, aquellos que tal vez han vivido toda su vida de trabajar en relación de dependencia no ya con el Estado, sino con el MPN. Solo faltaba que Figueroa confirmara que no se presentaría el 10 de marzo. Lo hizo el propio vicegobernador, a través de una carta.

“Si bien nuestra participación es considerada positivamente por un número importante de electores, soy consciente de que incrementaría las chances de los partidos nacionales, quienes pretenden desde hace más de medio siglo gobernar nuestra provincia. Y este, para mí, es un límite”, indicó el vice en la misiva divulgada selectivamente. Dijo además que “en estas circunstancias nuestro espacio no va a ser una piedra en el camino”, y que, por lo tanto, “en términos personales, con mis reservas y convicciones, acompañaré al MPN como un militante más, sabiendo que es el deber de los dirigentes velar por el bien del conjunto y no por los éxitos individuales”.

Al mismo tiempo, el MPN ya ha encontrado banderas para levantar en pos de su eslogan preferido, el de la autonomía e independencia de los partidos nacionales. Hay una batalla planteada por la suspensión de la resolución 46 de la secretaría de Energía, y por la retención a la exportación de hidrocarburos, que si bien es chica –de 4 pesos por dólar- reduce los beneficios y afecta el desarrollo de las inversiones en Vaca Muerta.

Y Vaca Muerta es el principal motor del desarrollo neuquino, más allá de la relatividad del concepto, ya que ese motor podrá girar con toda la fuerza y producir mucho que se malgaste, o que se bien use. Todo depende de la política, no de la política de los logaritmos, sino de la real, la concreta, la que sirve, la que modifica, para bien o para mal, la realidad de todos los argentinos.

Rubén Boggi

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