El MPN obliga a todos, pero también a sí mismo

El dúo que se ha propuesto sostener la continuidad del actual gobierno del MPN en el poder de la provincia de Vaca Muerta, integrado por el gobernador Omar Gutiérrez y el ex Jorge Sapag, concretó su jugada algorítmica para facilitar ese propósito, con la convocatoria a elecciones (muy) anticipadas el 10 de marzo, fecha que obliga a presentar alianzas o frentes el 28 de diciembre (el Día de los Santos Inocentes), y listas completas el 4 de enero.

Es una jugada que obviamente favorece al gobierno, que de esta manera pica en punta en las posibilidades frente al ahora urgente desafío de las urnas. No sorprende a los más avispados, obviamente, pues en más o en menos se descontaba que el MPN convocaría para los primeros meses del año; pero sí hiere categóricamente algunas posibilidades, como las que alimentaba el kirchnerismo con trabajo de seducción a cargo de Oscar Parrilli, para unir al PJ con el frente que lidera Ramón Rioseco a través de Unidad Ciudadana.

“Ya no hay mucho tiempo, y con los especuladores, los mercaderes, se van los sueños de muchos compañeros que veían la posibilidad de que unidos podríamos ganar en cada (una de las) localidades. Ojalá esta espera sea propicia para que reflexionen nuestros dirigentes del PJ. Pero ya no hay tiempo, para congresos ni para convocar a una interna (para que) decidan los afiliados quien quería que los represente”, escribió en su perfil de Facebook el candidato designado por Oscar Parrilli para liderar el proceso de la soñada unidad del PJ con Rioseco, el ex intendente de Villa La Angostura, Hugo Panessi.

La evidente amargura de Panessi tiene como contexto la negativa a la alianza con Rioseco que (al menos hasta escribirse esta nota) mantiene el actual presidente del PJ, Darío Martínez, secundado en buena medida por Javier Bertoldi, posible candidato a gobernador por ese sector. Las malas lenguas dicen que por ahí ha metido la cuchara, el tenedor, el cuchillo y toda la vajilla del almuerzo de la política oculta, el propio MPN oficialista. En ese contexto, hay planes para lo que será la contienda para elegir intendente en la capital, que promete novedades interesantes, y que debería esperar a los comicios nacionales, en octubre.

También, la jugada oficialista, busca reducir el riesgo provocado por el cisma del vicegobernador Rolando Figueroa, quien en estos momentos da las últimas puntadas a su estrategia, consultando números de encuestas realizadas tras la interna en la que fue derrotado, dice él, con fraude manifiesto aunque no reconocido por la Justicia. Figueroa mantendrá su candidatura, posiblemente sin alianzas, invocando la representación de un “MPN auténtico” que irá con otro sello, otra “herramienta electoral”. El MPN repetirá así experiencias nacionales que la ciudadanía argentina ya vivió, como el cisma en el peronismo, y en la UCR, cuando la política era básicamente bipartidista.

El movimiento de Gutiérrez-Sapag en el tablero donde se juega la política de laboratorio intenta hacer de la debilidad nacida de la disgregación partidaria, una fortaleza: la que se alimenta vorazmente del poder nacido del ejercicio de la conducción del Estado. Ese Estado tiene reforzada la billetera y las convicciones por el embate de inversiones en Vaca Muerta, convertido en la coyuntura en una nueva burbuja (esta vez más política), inflada convenientemente para volver a insinuar un paraíso que, inexorablemente, nunca terminará de concretarse, pues no es de paraísos el reino del hombre, sino de imperfectas tentativas, matizadas por pobreza, desesperación y pujas interminables.

En el contexto, quien menos sufre el apuro del MPN, y tal vez a quien menos golpea la estrategia oficialista, es el candidato –ya confirmado, este sábado- de Cambiemos, Horacio Quiroga. El intendente capitalino tiene un capital de votos propios, que puede ostentar le vaya como le vaya al gobierno nacional de Mauricio Macri; pero además, en esta ocasión, no ha tenido que impostar (casi) nada sus preferencias de modelo, pues tiene profundas coincidencias con lo que se está haciendo en el país, sobre todo, en lo que implica un contra-modelo del populismo demagógico. Eso le da más fuerza a Quiroga, una fuerza que tal vez no tuvo en sus dos anteriores incursiones como candidato a Gobernador en Neuquén.

El gobierno sabe que es allí a donde tiene que apuntar principalmente. Ya muestra cómo: este sábado, hizo disparar al Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS), indicando que ese ente “contabilizó más de 70 caños rotos u obstruidos producto de los trabajos de la contratista de las obras del Metrobus, que alcanzan una cifra cercana a 1,7 millones de pesos en gastos” para el organismo provincial. «Estos eventos, que causaron serios inconvenientes en la operación, afectaron el servicio a los usuarios y generaron costos altísimos, podrían haberse evitado si el Municipio de Neuquén, en su rol de comitente, hubiese sabido controlar y supervisar los trabajos contratados», aseguró el presidente del EPAS,  Mauro Millán. El EPAS será una empresa política adversa a Quiroga, por lo menos hasta el 10 de marzo.

La bandera de campaña para la reelección de Gutiérrez será, claro está, el gobierno y el Estado. Aunque Gutiérrez tomará licencia, a la que está obligado por ley, el 9 de enero, será su lema continuar el camino del “desarrollismo popular” en el que cree. Ya machaca con esos conceptos, como hizo este sábado, diferenciándose de los aspectos negativos de la gestión nacional de Macri.

Así, dice, por ejemplo, que “el consumo es prioritario para el gobierno de la provincia y hace a la calidad de vida de cada familia”, y que “mantener el poder adquisitivo de los trabajadores es una inversión social que motoriza a nuestros comercios, a nuestro desarrollo industrial y de servicios”.

Lo que dice Gutiérrez en sus discursos, se reafirma como una de las muletillas del postulado de mayor marketing que presenta el MPN oficialista, ese que sostiene que Neuquén es la mejor de las provincias argentinas. Busca así generar un discurso positivo frente a los negativos que les plantea la oposición.

Más allá de los algoritmos, los almanaques y las estrategias de laboratorio, las elecciones del 10 de marzo serán complicadas para sacar ventajas claras. Todos atravesarán esa dificultad, pero quien más la sufrirá será el propio oficialismo, el más obligado, el que tiene que defender la localía y el campeonato, en una cancha llena de barrabravas que se miran más a sí mismos que al partido que animan los protagonistas de la política.

Rubén Boggi

 

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