Figueroa patea el tablero, se planta como opositor, y pide lo imposible

Rolando Figueroa se plantó desafiando al poder constituido del MPN. Avisando que no se irá del partido, obtuvo la aprobación de una “asamblea” convocada en el local de Neuquén para Neuquén por la Lista Violeta, para “impugnar” las elecciones internas del domingo, y reclamar que se convoque a otra, con voto con tarjeta electrónica, por considerar que los comicios fueron “robados” por “los delincuentes que se han apropiado del partido”.

Frente a una numerosa concurrencia, rodeado por los otros referentes que compitieron el domingo, todos dueños de fervorosos discursos de protesta, Figueroa produjo un hecho político previsible aunque de inédita creación desde la política neuquina: nunca antes alguien había tratado de “chorros y delincuentes” al propio gobernador (Omar Gutiérrez) y al ex gobernador (Jorge Sapag) de su partido; nunca antes alguien había tronado contra el “olor a petróleo, y a gas” del que presuntamente está embebido el MPN.

Difícilmente la postura esgrimida en el encuentro violeta, de impugnación y nuevo llamado a votar con otro tipo de boleta, sea aceptada. Es prácticamente imposible. Por eso mismo, lo que se anuncia es una ruptura formal, una desobediencia que puede alcanzar a las elecciones del año próximo. No una diáspora formal del partido, una migración hacia otros confines de la política: sí a una oposición dura, crispada en las diferencias.

Por más que se repase la historia del MPN, no se encontrará un momento tan complicado, de tanta confrontación. Lo que se dijo antes, de que se estaba ante la interna más intensa del partido provincial, demostró ser cierto, fue confirmado este lunes, a pocas horas del cierre de las urnas del domingo.

Figueroa acaba de pronunciar un rotundo “no” a cualquier seducción del oficialismo. Ha desafiado al poder de su propio partido. Seguramente habrá una avalancha de consideraciones de si hizo bien o mal, si lo beneficia a él, al MPN, o a los adversarios del MPN. Es tarde ya para esas consideraciones. Algo se venía incubando en un partido de tantos años en el gobierno, y ese algo ha roto la cáscara, con un final impredecible para la criatura.

Rubén Boggi

 

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