Reloj, no marques las horas

(Especial Mitología en alpargatas, por Jorge Gorostiza) Castración, filicidio, incesto, violencia a baldes, cíclopes, gigantes de cien manos y amor: La historia de Cronos tiene todo lo necesario para un argumento de película. Pasen y vean:

Gea, la Tierra, y Urano, el Sol, tuvieron una docena de hijos. Al más pequeño, Cronos, le tocó ser dios del Tempo. Además, con vaya a saber quién, Gea parió a varios cíclopes y a tres gigantes de cien manos (los Hecatónquiros). Y minga de asignación universal por hijo. Bueno, sucede que receloso del origen de cíclopes y Hecatónquiros, Urano los confinó al Tártaro, el tenebroso territorio de los muertos. Como era de esperar, la madre de las criaturas se cabreó de lo lindo.

Gea convocó a los doce hijos que tuvo con Urano: “No es por hablar mal pero el papá de ustedes es un desgraciado. Miren lo que hizo con sus medio hermanos. Alguien que me haga justicia, alguien que le frene el carro a su padre”. Todos los hijos arrugaron, todos menos el más pequeño, Cronos: “Vieja, quédate tranquila, yo me ocupo”. Gea le dio un beso en la frente al gurrumín… y le entregó una hoz.

Aprovechando una siesta de Urano, Cronos le agarró los testículos con la mano izquierda (que desde entonces es la de la mala fortuna) y con la hoz materna se los cortó de un saque. Primera conclusión: O Urano tenía los huevos muy grandes, o la hoz era muy pequeña, o Cronos tenía una puntería de la gran siete. Revoleó Cronos los testículos al mar, y, al contacto con el agua, nació Afrodita, la diosa del Amor. Segunda conclusión: desde tiempos inmemoriales, el amor y el dolor de huevos tienen mucho que ver.

Urano, con la voz aflautada, convocó a sus hermanos, y juntos enfrentaron a Cronos y su generación. Nadie sacaba ventaja hasta que Cronos liberó a cíclopes y Hecatónquiros y consiguió la victoria. Por su parte, Urano, mientras se alejaba, maldijo a Cronos con un grito agudo: “Uno de tus hijos también te traicionará”. Tras el triunfo, Cronos fue elegido rey por sus hermanos, pero resultó ser igual que su tata, o peor. Apenas asumió, y ante el estupor de su madre, volvió a encerrar a los gigantes de cien manos y a los cíclopes en el Tártaro, y se casó con su hermana Rea. Tuvieron cinco hijos pero, teniendo en cuenta la maldición paterna, cada vez que nacía un crío, Cronos se lo morfaba: Otra que niños envueltos.

Cuando llegó la hora del sexto parto, sigilosa, la Madre Tierra se instaló en la cima de una montaña. Era una noche oscura, silencio en la lontananza. La diosa parió sin emitir sonido y enseguida llevó al pequeño a una cueva en Creta, donde lo dejó al cuidado de la cabra Amaltea y el chivo Pan. Para no despertar las sospechas de Cronos, Gea le entregó una piedra envuelta en un pañal y Cronoss se tragó el engaño, y la piedra. El niño verdadero resultó ser nada menos que Zeus quien creció a miel silvestre y leche de cabra, Cuando ya tuvo edad, Zeus consagró a Amaltea en el firmamento. Desde entonces la constelación de Capricornio le rinde tributo. (Por el mismo precio un poco de astrología, también)

Zeus, complotado con su madre Rea y su abuela Gea, consiguió ser nombrado copero de Cronos. Algunos historiadores revisionistas sostienen que para ello tuvo que afiliarse al MPN, pero tal especie no está corroborada. En fin, lo cierto es que a la hora del vermut el hijo le sirvió al padre un vomitivo fenomenal a resultas del cual Cronos fue vomitando los hijos en el orden inverso al que los fue lastrando. Primero regurgitó a la piedra y luego a los cinco hermanos de Zeus, sanos y salvos. Aunque malolientes.

Allí empezó otra larga guerra generacional de una década: los Titanes del tiempo de Cronos versus Zeus y los suyos. Nuevamente nadie se sacaba ventaja hasta que Zeus asesinó a la vigilante del Tártaro, y volvió a liberar a los Hecatónquiros y los cíclopes. En agradecimiento, estos le entregaron a Zeus el poder del rayo, a su hermano Posidón (el dios del Mar) el tridente y a Hades (el dios de ultratumba) un casco que lo volvía invisible. Así pertrechados, los tres hermanos lograron robarle a Cronos sus armas vencer al tiempo. El dios del Tiempo y los demás Titanes fueron desterrados, salvo Atlas a quien se le permitió seguir estando a condición de sostener sobre sus hombros al firmamento.

Muchos siglos después, pero muchos siglos antes de ahora, el Papa Gregorio XII metió mano en el calendario Juliano y mando a suprimir una decena de días. Así, en 1582, al 4 de octubre le sucedió el 15 de octubre. Hay allí un callado agujero en el tiempo. Días sin Cronos, días de nada, días sin tiempo. Nadie nació, nadie murió, nadie se enamoró, nadie perdió un tren, o una apuesta, o un padre. Esas fechas han quedado en el olvido, lo mismo que Gregorio XIII, que Atlas, que Amaltea, los gigantes de cien manos y casi todo. Llegada la hora seremos también olvido. Pasarán, tal vez, cientos o miles de años, pero a la larga vencerá Cronos, el dios castrador. No habrá entonces memoria alguna de nuestra generación. Ni usted ni yo, pero tampoco Gutiérrez o Quiroga, Rioseco o  Bertoldi.

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