El dedo de San Martín

Especial por Hilda López.- Hace algunas horas se recordó por distintos medios al General San Martín en el aniversario de su fallecimiento.

En Neuquén, en el corazón de la ciudad, hay un monumento con el libertador, jinete en su caballo, apuntando a un horizonte que aún parece ser que lo estamos buscando.

Tan inteligente era este General que ya entonces y entre montañas visualizaba un horizonte para América: nada más y nada menos que su liberación de los poderes opresores de banderas extranjeras.

Todos aprendimos a quererlo desde pequeños, desde el colegio a la hora de cantar el himno, y repasar una y mil veces la travesía de los Andes. Soldados con hambre y coraje, bandera flameando al cielo, representaban un acto heroico que soñábamos emular cuando fuéramos mayores y la patria corriera peligro.

San Martín era el sable, y el sable es un símbolo de guerra en contra del enemigo: de metal, brillante, largo, invencible, justiciero.

Sin embargo, el monumento que conocimos a lo largo de nuestra historia en distintos puntos del país, es el que tenemos en Neuquén: San Martín apunta con su dedo a un horizonte, el sable aguarda a su costado el momento de enfrentar al enemigo.

¿ Qué nos habrá pasado que cuando visualizamos al enemigo sacamos el sable (que no es de metal, ni brillante, ni invencible) y arremetemos sin pensar en el horizonte?

¿Qué nos habrá pasado que ante tantas desapariciones y pérdidas humanas, no pudimos encontrar el horizonte que nos hiciera mejores humanos, en un país mejor?

¿Qué nos habrá pasado que recordando al General libertador, solo un puñado de uniformados cantan el himno ante la ofrenda calculada, formal, de funcionarios, en medio de la indiferencia de una ciudad que sigue su rutina como si nada?

¿Qué nos habrá pasado para que en un acto oficial forzado, el Libertador quede enterrado en lo más profundo de la historia? ¿Dónde estábamos yo, vos, usted, a la hora de revolver los papeles de la memoria, para hablar y hacer algo profundamente comprometido hacia ese horizonte, ese destino?

Un maestro, con pequeños niños, hizo una humilde réplica del cruce de los Andes, en Valentina Sur, en la ciudad de Neuquén. Un excelente acto del ejercicio del conocimiento.

A lo mejor, y ojalá, que estos pibes (ya grandes) se animen y puedan marcar la llegada a ese destino que señaló el Libertador, con la bandera en una mano y el sable al costado, arribando a una Patria grande, en paz, y merecida.

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