La nena avisa que «le tocaron la cola» pero parece que al profesor no le importa

Sumergidos en una sociedad que despierta todos los días, un poco más, en muchos aspectos. Algunos “activan” más que otros, con la intención de trasladar mensajes, queriendo aportar en la cotidianeidad. Podemos, individualmente, cuestionar las formas, los planteos, pedidos y exigencias, entre tantas otras cosas. Pero hay cuestiones que no son discutibles, bajo ningún punto de vista.

¿Qué sería de nosotros si nos re planteáramos nuestra actitud frente al día a día? Justamente, este miércoles, un amigo recomendó una especie de meditación en la cual, todos los días, debemos tomar al menos 15 minutos antes de dormir, para recordar con quién hablamos, qué hicimos, cómo respondimos, etc.

Disculpen las vueltas, pero el punto es que no entra en mi mente, cómo sabiendo uno que tiene grandes responsabilidades con otros, no se detiene dos segundos a pensar acerca de esto.

Es el caso de un profesor de gimnasia, que recibió un llamado de atención por parte de una alumna de siete años. “Me tocaron la cola”, le dijo, y el profesor continuó dando su clase, minimizando el hecho frente a todos los alumnos.

Se trata de Abril, la hija de Luciana, una amiga. Y detallando la situación, supe después que no sólo ocurrió lo que ya mencioné, sino que ante el llamado realizado a la dirección del establecimiento educativo, el profesor tuvo el tupé de decir que la pequeña le había dicho lo que pasó, después de la clase. Mientras tanto, ella y su madre aseguran que esto es imposible, porque Abril nunca calla, y no es la primera vez que esto sucede.

Lamentablemente, muchos pensarán ante este relato: “Es la palabra de la menor contra la del profesor”. Los niños, sobre todos los de nuevas generaciones, son quienes no mienten, quienes tienen las cosas un poco (bastante) más claras que nosotros. Y, de hecho, deberíamos escucharlos más.

Después de que Abril le dijera al profesor lo que había sucedo y, ante no recibir respuestas, la pequeña esperó a que su tía la fuera a buscar y reiteró: “Me tocaron la cola en la clase de gimnasia”. Es así como quedaron anonadados los directivos y otros profesores, por no estar al tanto de la situación.

Luciana, esa misma tarde, decidió tener una conversación de madre a hija, y grabarla. Le preguntó alrededor de tres veces: ¿Cuándo le dijiste al profe que tu compañero te tocó la cola, durante o después de la clase?, a lo que Abril respondía: “Durante”, reiterando que todo siguió con normalidad. Sin embargo, el hombre que está a cargo de todo un grupo de niños, sostiene que esto no fue así.

La situación, se repite después de algo similar, ocurrido a fines de 2017. Abril, teniendo seis años, ensayaba para el acto de fin de año y, en medio de un baile, le avisó a otro profesor de esta situación. En esta ocasión, la clase se frenó y llevaron al niño en cuestión a la sala de Dirección. El pequeño la trató a Abril de mentirosa y ella dijo: “Yo no miento con estas cosas”. “Bueno, era un juego”, le respondió. “Mi papá no juega con mi mamá así”, concluyó Abril.

Después del primer hecho, Luciana habló con su hija y le dijo que hizo muy bien en hablar por lo que había ocurrido, por no haberlo minimizado. Pero también le expresó que debía perdonar a su compañerito y no excluirlo del grupo, porque tal vez no había tenido la misma educación que ella. Hoy, tienen una buena relación dentro del aula y no volvió a hacer algo así.

Mientras tanto, Abril sigue siendo víctima, no sólo de más familias que, aparentemente, no tienen la capacidad o tiempo para guiar a sus hijos, sino de algunos profesores que tampoco pueden dar el ejemplo.

 

Sofía Seirgalea

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