Dejar los pañuelitos y agarrar los libros

Pañuelos por allí y por aquí, pañuelos por doquier. La sociedad argentina dividida por colores, mientras que tantas personas no saben ni siquiera por qué eligen el verde, el celeste o (ahora también) el naranja. Lo escuchan, les gusta el título, lo compran y se sienten cómodos dentro de un sector que defiende una opinión, pero no siempre con argumentos.

Si estás a favor de la despenalización del aborto, usás el pañuelo verde. Si estás en contra, usás el pañuelo celeste. Si también querés que el Estado y la Iglesia estén separados, usás el pañuelo naranja.

Clarísimo está que, a mí, no me modifica la vida. Y por supuesto que entiendo que, muchos de los que llevan algún pañuelo colgando, se sienten muy identificados con cierta ideología. Pero, la mitad de ellos, simplemente no tiene fundamentos para hacerlo, y repiten lo que escuchan de otras personas, o se quedan estancados en algo tan básico como “yo estoy a favor de…”. Y me pregunto si, realmente, saben por qué, y si pueden sentarse a dialogar con alguien que piensa diferente, sin estar acompañados por quienes encabezan estos grandes grupos y se han dedicado a investigar.

Sé que muchos de los que usan pañuelos verdes en Neuquén, ni siquiera se han sentado a leer el proyecto de despenalización del aborto. Y muchos de los que usan el pañuelo celeste, no agarraron ni un libro para entender lo que es un feto y, simplemente, se quedan en su aspecto “ético y moral”.

Ahora, suena bien que el Estado y la Iglesia se separen. Así que iremos rápidamente a comprar un pañuelo naranja para también apoyar esta causa. Pero claro, si nos preguntan qué significa esto, pues no lo sabremos… Pero, ya saben, es súper cool y revolucionario.

Personalmente, tengo una postura en todo esto, pero la principal de ellas es el final de la ignorancia, del “hablemos sin saber”, de las modas a corto plazo, y como siempre digo: de la violencia.

Hemos llegado al punto en el que no todos se animan a usar los pañuelos en la calle, porque no saben cuándo se encontrarán con alguien que quiera pegarles. Y ahí es donde estamos fallando, en pensar que usando colores podremos cambiar algo, mientras que hay tantas problemáticas que deben resolverse de fondo, y no solo gritando en las calles la opinión que tiene cada uno.

¿Estoy desmereciendo a quienes usan un pañuelo? No. Los partidos políticos, el movimiento LGBT, y tantos más, se han identificado siempre con colores y banderas. Pero, ahora, hablamos de falta de información en niveles impresionantes.

Los cambios se generan de adentro hacia afuera, desde el accionar individual para ser un ejemplo con otros. La solución está en dejar de lado los fanatismos, para poder generar soluciones con mayor inteligencia.

 

Sofía Seirgalea

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