¿Debo pedir disculpas a la empleada de la farmacia?

Hay gente que tiene la hijaputez grabada en sus genes.

Mis estadísticas personales indican que el día de tu cumpleaños, existe una alta probabilidad de tener relaciones con alguna conocida que, por agradecimiento, en homenaje o simplemente para darte una alegría, accede a la intimidad.

La farmacia estaba llena. Saqué mi turno y rogaba que me atienda el único hombre que había detrás del mostrador… Seguía llegando gente, también mayoría de mujeres y mujeres jóvenes.

Me tocó la gordita que tenía pocas ganas de atender… Me acerqué al mostrador, lo bastante como para poder hacer el pedido de sildenafil, sin que el resto de la clientela escuche.

Amablemente, me responde un «como no, señor» y se va detrás de las mamparas. Hasta ahí todo bien pero, insisto… Hay gente que tiene la hijaputez grabada en sus genes, ancestralmente, hereditariamente, tradicionalmente.

Al rato la gorda soreta, mal parida, se asoma y pega el grito desde la distancia: «¡Abuelo!… ¿trajo la recetita para el Viagra?».

Las 35 personas que esperaban, más las otras empleadas, y hasta el botón de seguridad, se dieron vuelta para mirarme…

Se me nubló la vista, la taquicardia me retumbaba en la cabeza, me crecieron los colmillos… muchas veces las ganas de asesinar se torna irrefrenable… mis reflejos sólo atinaron a responderle de mala pero necesaria manera: «¡No gorda hija de puta! ¡No te pedí Viagra, te pedí Actrón, carajo!»

Adiviné la sonrisa sarcástica de toda la clientela y viendo que el milico se me venía al humo, opté por salir raudo de la botica y marqué 9 segundos en los 100 metros llanos de la calle San Martín.

No puedo creer tamaña hijaputez de la dependiente. Encima cuando te ven entrado en años, tienen la horrible costumbre de hablarte en diminutivo… «recetita»… por mucho menos mi amigo Daniel Caeiro casi caga a palos a un enfermero del ADOS recién operado de su carótida… «Acomódese la batita», «¿le cambio la sabanita y se mete en la camita?». Imaginate. ¡Le enroscó la manguera del oxígeno en el cuello y no había forma que lo largara!.

Ahora estoy yendo a un consultorio médico para ver si consigo la fuck you recetita… ¡pero que la pongo, la pongo!.

(del muro de Facebook del Profe Chorén)

 

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